martes, 15 de noviembre de 2011

La Disolución de Argentina Diez Años Después


Por Mempo Giardinelli

Dado que falta muy poco para el 10 de diciembre, cuando la Presidenta iniciará su segundo mandato, cabe recordar otro 10 de diciembre, el de 1999, cuando con varios millones de votos de respaldo Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Alvarez iniciaron el gobierno de una Alianza que asumió con el mandato de corregir las inmoralidades del menemismo.

No sé a ustedes, los lectores, pero a mí volver la vista doce años atrás me resulta un espectáculo sobrecogedor. Antes de esa dupla, y durante diez años, habíamos soportado un gobierno que algunos calificamos como la Segunda Década Infame. La Alianza, como se llamó aquel frente electoral, se presentó como la fórmula capaz de purificar la política y recuperar la economía, que llevaba ya dos años de durísima recesión.

La expectativa era enorme porque la situación era gravísima. La crisis no era sólo industrial y comercial: el despilfarro, la inmoralidad y la frivolidad del menemismo habían hecho estragos en todo, y del gobierno de esa Alianza formada por un partido centenario como la Unión Cívica Radical y una formación reciente como el Frente País Solidario (Frepaso), no se esperaba entonces más que trabajo y esfuerzo, seriedad y honestidad, y sobre todo cumplimiento de las promesas electorales. Muchos tenían a De la Rúa por un buen hombre, trabajador, serio y cumplidor. Y a Alvarez por un intelectual honesto y lúcido, un político original y agudo. La sociedad lo había entendido así, al votarlos poco antes.

Sin embargo, ya en las primeras semanas se vio que el rumbo prometido no se iba a cumplir. En el primer gabinete aliancista, el Ministerio de Educación fue para Juan José Llach, ex viceministro de Economía durante el anterior gobierno de Carlos Menem y el superministro Domingo Felipe Cavallo.

Sumado a ello, enseguida fue obvia la influencia de los hijos varones de De la Rúa y de sus jóvenes amigos, así como del cuestionado ex banquero pero íntimo del presidente, Fernando de Santibáñez. A comienzos del año 2000, la promesa electoral de bajar los impuestos fue traicionada con un “impuestazo” y la recesión se profundizó mientras era evidente el sometimiento de la Alianza a los deseos de la Banca Global. El derrumbe político se produjo poco después, cuando renunció Alvarez, harto de ofensas públicas e impotente frente al contubernio de lo peor del radicalismo con lo peor del peronismo.

Pero el portazo de Chacho evidenció algo más que una derrota política personal. El país seguía en crisis y la recesión se profundizaba. La economía no mostraba signos de recuperación y era evidente que el ministro de Economía, José Luis Machinea, administraba la deuda externa en acuerdo y beneficio de los acreedores. El gobierno mostraba día tras día su incapacidad de respuesta ante los primeros casos de corrupción propia (no heredada del menemismo) y la indecisión del presidente ya era exasperante.

La veloz serie de errores que cometió De la Rúa en esos días lo mostró como lo que todo el mundo comprobaría: blando de voluntad, influenciable y titubeante, pusilánime, incapaz. Entre liderar un verdadero cambio moral en la política argentina y sólo aparentar ser más prolijo que Menem, eligió esto último. Confundió plazos con pachorra y estilo con necedad. Obstaculizó todas las medidas para higienizar la Cámara de Senadores, que escandalizaba a la sociedad, y el discurso ético de la campaña electoral se le traspapeló cuando escogió tapar la cloaca en lugar de limpiarla.

La renuncia de Chacho y la actitud sinuosa del presidente demostraron que lo único que realmente le importaba al gobierno de la Alianza era proteger los negocios sucios y a quienes los hacían, desde la banca acreedora y el FMI hasta los punteros, ñoquis y tramposillos del sistema político mafioso que –con poquísimas excepciones– nos tenía a los argentinos de la náusea al vómito.

El desgaste fue inmediato y profundo. El año 2000 fue una zozobra permanente, y en 2001 el panorama se ensombreció aún más por la situación internacional. Los criminales atentados a las Torres Gemelas en septiembre y el belicismo prepotente de Bush hijo tuvieron, en la Argentina, un absurdo correlato: De la Rúa y su ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, vieron la oportunidad de cobijarse bajo el paraguas norteamericano a cualquier costo, acaso pensando que la desesperante crisis económica interna encontraría favorables respuestas con esa actitud seguidista.

Con velocidad de rayo, como no tuvieron jamás para otras cuestiones, De la Rúa y su canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini, anunciaron el total respaldo a cualquier respuesta bélica encabezada por Estados Unidos y ofrecieron tropas, mientras el superministro Cavallo declaraba: “Esta es una guerra de la humanidad y de los países civilizados en defensa propia; Argentina tiene que disponer de sus fuerzas y estar lista para actuar”. Por su parte, la oposición justicialista se mantuvo en oportunista silencio, y resultó patético que el único que se expresó fue Carlos Menem, quien en su estilo cantinflesco les mandó aplausos y sonrisas a Bush padre y a Bush hijo, y hasta les mandó a su esposa.

Aunque la crisis era de naturaleza política y filosófica, era la decadencia económica y social lo que producía pánico a los argentinos. El auge del voto castigo o protesta, la sucesión de ajustes y los acuerdos cada vez más gravosos con el FMI hicieron trizas todas las supuestas panaceas expresadas en vocablos grandilocuentes como Blindaje, Megacanje o Déficit Cero. Los fundamentalistas del mercado –de apellidos aún vigentes– redoblaron la apuesta del ajuste, mientras la cuerda social empezaba a romperse, acaso confiando en lo único que garantiza “éxito” a sus “teorías”: la represión.

A mediados de noviembre de 2001 –hace exactamente diez años–, y defendido apenas por el vocero Juan Carlos Baylac, que por la tele resultaba entre conmovedor y patético, De la Rúa había dilapidado un enorme capital político y arrastraba consigo a su partido, incapaz aún hoy de recuperarse. En las sombras, Cavallo y sus amigos planificaban el tristemente famoso “corralito”, que no era otra cosa que una confiscación de ahorros privados, un robo organizado y un hipócrita atentado contra la propiedad privada. No pudo haber más desastroso fin de época.

Después se desataron las tempestades de diciembre, que ya se evocarán el mes que viene, cuando se cumplan diez años de la mayor pueblada democrática que protagonizó nuestro país.

De acuerdo: la buena memoria es un ejercicio saludable.

15/11/11 Página|12

Sigan Así


 Por Eduardo Aliverti

Esta columna vuelve a versar, en parte, acerca de miradas sobre el barullo con el dólar. El motivo es la persistencia de una construcción de clima, mucho más que un estado palpable de datos negativos.
También debe insistirse con el alerta de que ninguna de las observaciones al respecto va en desmedro de las cosas que el Gobierno está haciendo realmente mal. Haber equiparado a pequeños ahorristas de dólares con fugadores de capital es un error muy grosero y, ya que se hizo y ya que estamos, debería obligar al repaso de la política comunicacional del oficialismo. Más que de esto último, en rigor cabría hablar de un agrupado de acciones sin duda eficaces y necesarias, pero insuficientes si es cuestión de entenderlas como estrategia global. El carisma incomparable de la Presidenta; medios, programas, comunicadores e intelectuales que marcan una construcción de sentido distinta a la hegemónica; la difusión de una simbología que tonificó el papel del Estado como reparador de los desequilibrios sociales, por cierto que basándose en hechos palpables; hallazgos publicitarios en tiempos de campaña electoral, favorecidos por los hazmerreír de los contrarios, no alcanzan a ser un diseño de comunicación eficiente para momentos de turbulencia de cierto tipo, ya sea que provengan de fallas propias, operaciones ajenas o factores externos de otra naturaleza. “Tomando el total de personas físicas y jurídicas (estas últimas, empresas) que compraron dólares entre julio y septiembre de este año, quienes adquirieron más de 100 mil dólares mensuales en promedio representan el 37 por ciento de ese total de compradores. Los sujetos, sean individuos o empresas, que compraron por debajo de mil dólares mensuales promedio, son apenas el 7 por ciento del total. Aquellos poseedores de grandes fortunas individuales, o empresas grandes que pasan sus activos a dólares por magnitudes importantes, son los que mueven el mercado; los que agitan las aguas, tratando de generar temores entre los más chicos, los pequeños ahorristas, que son una minoría en el mercado de cambios no sólo por las cifras que manejan sino por cuántos son frente a los que mueven grandes capitales.” Este textual es de la presidenta del Banco Central, cuando hace pocos días cerró el Foro de Economía convocado por Carta Abierta. La escucharon unos varios centenares de adherentes que habrán ratificado sus convicciones, y está muy bien. El ligero detalle es que, por fuera de ese ámbito cerrado, del artículo de Raúl Dellatorre en Página/12 del domingo pasado, de variados portales de llegada limitada y, naturalmente, de alguna otra reproducción escapada de la atención del cronista, esas cifras terminantes e indesmentidas que despachó Marcó del Pont se toparon con un vacío informativo ostentoso. Es obvio, además, que la titular del Central sufre una ofensiva, con olor a sistematizada, de quienes por vía de cuestionar su gestión apuntan en realidad al carácter intervencionista de la entidad pare regular el mercado cambiario. Nada que no debe pasar, habiendo la dura batalla periodística entre los unos y los otros. Pero, ¿qué es lo que impide a los funcionarios la búsqueda de dispositivos retrucadores más inteligentes y vigorosos? Cada tanto aparecen respuestas contundentes que no dan, ni por asomo, la idea de ser un mecanismo coordinado, ni contenido en una dirección mayor. Otro ejemplo es dejar trascender que continuarán recortándose subsidios estatales, sin salir al cruce con las precisiones correspondientes; y su obvia consecuencia de dar pasto a fieras que retroalimentan, por anticipado, un aire de problemas y apretadas.
Consignado el ítem de los yerros que deben facturarse al Gobierno, sobrevienen apuntes e interrogantes sobre la impunidad con que se expresan medios, colegas y analistas. Militantes liberales, para ser mansos. Podría refutarse que impunes es una calificación desacertada o ampulosa, atentos a que el resultado de las urnas les significó una sanción. Vale. Pero no por eso perdamos de vista que el poder de fuego mediático se refuerza cada jornada. Que su negocio es la espectacularidad angustiosa. Que trabajan las veinticuatro horas. En cada portada, en cada boletín, en cada título, en cada tono narrativo, no cada dos o cuatro años. Montados en las pifias oficialistas, llegan a hablar de corralito cambiario; de ambiente recordatorio de 2001; de que las desventuras de Susana Giménez son una muestra, algo extravagante pero válida, de ahorristas-rehenes. Entrevistan a todos los economistas y consultores que ya se equivocaron pornográficamente, una y mil veces, en todos los pronósticos que dieron (entiéndase a “se equivocaron” como otra concesión amistosa, por supuesto). No dejan a ninguno afuera. Y los tipos hablan como si fueran la Virgen Desatanudos, y otra vez explican que debe desregularse a los agentes económicos para que retorne la confianza. Los que en los ’90 se babeaban con nuestro ingreso primermundista. Los que felicitaron que Neustadt mostrara un teléfono a cámara para preguntarse si la soberanía estaba dentro del aparato. Los que amplificaron que sólo el mercado debía determinar si al país le convenía producir acero o caramelos. Los que apenas por pudor de circunstancia no siguen afirmando en público que achicar el Estado es agrandar la Nación. Los que hoy se espantan de la crisis europea e inquieren sobre los grandes liderazgos políticos desaparecidos, como si no supieran que el origen es haberse rendido a las sirenas del capital financiero en rol de fin primero y último. Ahora quieren que la política los salve de su economía y juran que se rompen la cabeza con el acertijo de quién parió a Berlusconi, a Sobra el Griego, al inminente De la Rúa español, al petiso francés, a la enfermera alemana. Pero no pueden con su genio ni contra sus intereses, y entran en contradicciones deslumbrantes. Por un lado ya miran con alteración eso de los indignados que les cascotean el rancho y las dependencias de Wall Street. Por otro firman a dos manos sus recetas de toda la vida. Y para el caso local, apuestan a que la salida de un eventual cuello de botella financiero consista en volver a las fuentes. A las suyas. Ajuste, ya se sabe sobre quiénes.
Desde el ya clásico “¿y por qué se alcanzarían resultados diferentes si aplican siempre la misma fórmula?”, cabe preguntarse si los actores del tremendismo creen francamente que sus postulados son los correctos. O si es que sus emperramientos quedan por delante de que al país le vaya bien con este modelo o proyecto. El firmante apuesta por lo segundo porque, en dos planos, hay realidades que vienen siendo concluyentes. Una es el cotejo con la Argentina incendiada desde la que se arrancó. La otra, una oposición patética y partida que acaba de ser arrasada en las elecciones por –justamente– insistir con un discurso vacío, de mero denuesto. Que pueda no tomarse nota de esas constataciones: en la medida en que rija honestidad intelectual, es imposible de comprender como no sea bajo el criterio de la obcecación. En verdad, mejor sería hablar de la ofuscación de clase. Eso, a su vez, refleja dos cosas. Que este Gobierno tocó intereses de sectores del privilegio en una proporción no prevista. Y que sus adversarios mediáticos –la única oposición sobreviviente junto con algunos bloques dominantes– carecen de mayor inteligencia para enfrentarse a aquello que los enardece. Joden, pero no pueden tumbar.

Voto Femenino


Los Únicos 
Tu vieja, tu hermana, tu esposa, tu amante, tu suegra, tu hija, Carrio, Bullrich, las putas, tu abuela y Cristina. Todas votan. El 11 de noviembre de 1951 las mujeres votaron por primera vez en la Argentina por la lucha incansable de las mujeres socialistas militantes de principios del siglo XX y la decision inquebrantable de Eva Peron de dar la ciudadanía plena a las mujeres de nuestra patria. No te olvides que las mujeres luchadoras de nuestra patria, con errores y aciertos cambiaron nuestro país y son protagonistas irremplazables de nuestra historia.

Aquellos machistas irredentos que siguen pensando que las mujeres no van para la cosa publica, hoy ven aterrados la ley de matrimonio igualitario, los debates sobre identidad de genero, la vacunación gratis para las nenas dentro del calendario escolar. Es que ellos, los machistas, siempre relegaron a sus esposas, sus amantes y sus mujeres al anonimato de la empresa privada, la cocina y los tes de los sábados con amigas.

Al carajo con los hombres que no saben amar a sus mujeres. Hoy nos conduce bien un cuadro que es una mujer que piensa una patria para todos y todas. Mujer cuando no te sientas amada, busca amor en otro lado.


Hay hombres que piensan que las mujeres no saben administrar, no saben enseñar, no saben amar, no saben pensar, no saben acompañar. Compañeras: la historia no absolvera a los hombres idiotas que se confunden las tetas con el

jueves, 10 de noviembre de 2011

Telón Para El Grupo A


Quién te ha visto y quién te ve. La integración de la Cámara de Diputados que fue cuna, feudo e ilusión del Grupo A, aprobó en comisión el proyecto de Presupuesto enviado por el Ejecutivo. El dictamen se logró sin estrépito ni discusiones maratónicas. Toda una innovación y una suerte de revancha para el bloque del Frente para la Victoria (FpV) que durante casi dos años se abroqueló en su área y rechazó todos los centros que le llovieron.

  Por Mario Wainfeld

El kirchnerismo puede ahora decidir si lleva el debate al recinto antes del 30 de noviembre o si espera hasta después del 10 de diciembre, con la nueva integración. Seguramente optará por la vía más segura, que es votar contando con la superioridad numérica recuperada en las urnas. Sus adversarios le garantizan la aprobación en general de la Ley de Leyes. Pero el diablo está en los detalles o, por mejor decir, en la discusión en particular en la que las debilitadas filas opositoras podrían ejercer un desquite, acaso pequeño pero fastidioso. Los principales operadores del oficialismo pulsaron el clima de estos días: entienden que sus antagonistas los dejaron hacer pero sin deponer una beligerancia que podría entorpecer la plena aprobación del Presupuesto. Para qué apurarse entonces, se preguntan y (de algún modo) se responden. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que dialogó con el titular de su bloque, Agustín Rossi, dejó en claro que no quiere arriesgarse a ningún retoque forzado por rivales debilitados pero no inexistentes.
Si el debate plenario llegara el mes que viene con la Cámara remozada, la comisión renovada debería ratificar el dictamen. El FpV no encontraría escollos para hacerlo. Y los opositores quedarían relevados de “hacer buena letra” o reconocer –con caballerosidad deportiva– primacía al kirchnerismo que los goleó en octubre. Todos estarían más confortables... en especial la nueva mayoría.
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El escenario que se abrirá el 10 de diciembre registrará otra gran diferencia con el de fines del 2009 y del 2010. En aquel entonces, la Presidenta hibernó al Congreso hasta el comienzo de las sesiones ordinarias. En este caso, sin duda, habrá un buen paquete de proyectos de ley para tratar en sesiones extraordinarias.
Las prórrogas de la emergencia económica y el llamado “impuesto al cheque” están en pole position.
Otro proyecto presidencial, que viene muy a cuento en estos días de especulación y arengas contra los controles fiscales, es el que aumenta las penas a los evasores de impuestos.
El Régimen Nacional del Trabajo Agrario es prioridad porque enfoca una añeja desigualdad laboral digna de reparación y porque, de rondón, limita las potestades del gremialista del rubro Gerónimo Venegas. El Momo fue uno de los pilares de la notable campaña presidencial de Eduardo Duhalde, en la que fue tan exitoso como en la defensa de los intereses de sus representados.
El Ministerio de Justicia impulsó dos proyectos de ley, para alinearse con las sugerencias-exigencias del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) referidas al lavado de dinero. Esa temática es gravitante en la agenda internacional de los Estados Unidos, reverdecida por el encuentro de la mandataria con el presidente norteamericano Barack Obama. La tipificación del terrorismo como delito forma parte de las propuestas.
El nuevo régimen de producción de papel para diarios seguramente ingresará en el período extraordinario. Cuenta con dictamen aprobado, su transcurrir parlamentario puede ser manejable. El ruido sonará extramuros de las instituciones: las reacciones de los respectivos lobbies no se harán esperar, seguramente. El activismo desestabilizador de los grandes medios hegemónicos en estos días sugiere que barruntan ese horizonte.
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“Aunque usted me predique en contrario, los peronistas son irracionales. ¿Para qué se apura el Gobierno con el Presupuesto si el año pasado, cuando no se aprobó, todos decían que era un negocio pingüe?” Por una vez, la pregunta que espeta el decano de Sociales de la Universidad de Estocolmo no es un mero disparate. Esa especie se divulgó en estas pampas: un Presupuesto anterior prorrogado deja manos libres al Ejecutivo. El ahijado de tesis del decano, el politólogo sueco que hace su tesis sobre Argentina, replica de taquito. Le comenta que no es así o (si usted prefiere) no es tan así. La ejecución presupuestaria es un arte complejo. Reparticiones que no tienen asignaciones específicas quedan limitadas o maniatadas en su accionar día a día, supeditadas a reacomodamientos de partidas que insumen tiempo y, a veces, castran propuestas o iniciativas. La Dirección General de Clavos y Clavitos (por mentar un ejemplo hipotético) no puede mover plata si no la tiene asignada y mover todo el esquema burocrático dista de ser un chiste en el cotidiano. Hay ventajas y desventajas en ese devenir, gris es el color predominante en la realidad aunque observadores esquemáticos insistan en que todo es blanco o negro.
Hablando de colores, el politólogo retomó el diálogo con su más que compañera, la pelirroja progre que ahora es kirchnerista. Quedó pendiente de esclarecimiento qué pasó en esos dos días en que la pelirroja se salió del radar y perdió contacto con nuestro cuentista social. La reconciliación fervorosa limitó el ansia inquisitoria del politólogo, aunque no sació sus dudas.
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El Grupo A hace mutis, mayormente por derecha, mientras baja el telón de una etapa que no supo capitalizar. Tuvo su público, una claque entusiasta; ahora no suena ni un aplauso. Sus ínfulas, el control algo prepotente de muchas comisiones, la repercusión mediática que disfrutaron sus referentes durante más de dos años... nada bastó. Resultó melancólica, en la mayoría de los casos, la trayectoria de grandes esperanzas alternativas que ocuparon bancas y fatigaron micrófonos o cámaras en este lapso. La diputada Elisa Carrió es el ejemplo más resonante, con un drenaje de votos digno del Libro Guinness. También fue abrupta la caída del vicepresidente Julio Cobos, que se retira a su casa en Mendoza.
Los diputados Francisco de Narváez y Fernando Solanas traspapelaron en sólo dos años carradas de votos y esperanzas cosechados en 2009. Su colega Felipe Solá optó por unos meses sabáticos para ahorrarse el diluvio electoral.
El senador Luis Juez fue batido con holgura en la disputa de la gobernación de Córdoba, en la que había llegado cabeza a cabeza cuatro años atrás. El diputado radical Oscar Aguad quedó tercero y maltrecho en esa compulsa.
El senador boina blanca Gerardo Morales, hiperpresente en todo formato periodístico, ni se animó a disputar la gobernación de Jujuy. Ernesto Sanz era un prospecto de presidenciable, bendecido por formadores de opinión y líderes empresarios, ahí quedó.
El Congreso no catapultó referentes opositores, más bien al contrario. Si bien es muy esforzado armar con tanta antelación una grilla con aspirantes a tallar en el 2015, es más lógico recorrer el espinel de los gobernadores o la fórmula presidencial.
Hermes Binner, el opositor mejor ranqueado en octubre, queda (en ese sentido) en un “no lugar”: ni en el Congreso ni en un Ejecutivo nacional, provincial ni municipal. Uno de sus desafíos es ver si puede sacar partido de esa situación sin engolosinarse con el caramelo mediático, insuficiente para la construcción política. El gobernador santafesino es un dirigente de carrera, de partido y con experiencia de gestión, pero deberá precaverse de los cantos de sirena de la política virtual.
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El 1o de marzo de 2010 fue el debut estricto del Grupo A, recibiendo (es un decir) a la Presidenta en Asamblea Legislativa. Cristina Kirchner los desafió con la creación de un Fondo para pagar la deuda externa con reservas del Banco Central. La pulseada fue inesperada, firme, premonitoria. “La oposición” clamó, denunció pero no pudo frenar la (más que razonable) medida ni impedir la aprobación del pliego de Mercedes Marcó del Pont. Martín Redrado arrancó entonces una carrera para acceder a una banca en el Congreso. Los palcos VIP la consideraron promisoria. Los potenciales votantes pensaron de otro modo.
El 10 de diciembre, la mandataria volverá al Congreso para jurar por segunda vez. Es, desde 1983, la primera parlamentaria de larga trayectoria que llega a la Casa Rosada. Seguramente evocará esa circunstancia en su discurso, siempre lo hace.
Si no incurre en errores no forzados, como sucedió con las retenciones móviles, las dos Cámaras acompañarán su proyecto y validarán sus iniciativas. No le bastará para superar todos los retos de una etapa difícil, pero tendrá por delante un mejor escenario institucional que el que sobrellevó desde 2008.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Estrategias Para Que Los Cañones Apunten Al Gobernador Kirchner

Domingo 13 de octubre de 1996 | Publicado en edición impresa


Desaires: colocado en la vereda enfrentada al oficialismo, el primer mandatario de Santa Cruz está en la mira presidencial para restarle aire en 1999. 
 
Al senador santacruceño (mandato cumplido) Pedro Molina, quien supo ser jefe del bloque justicialista de la Cámara alta y secretario del vicepresidente Carlos Ruckauf, se le ha encomendado una nueva y curiosa tarea: desempeñarse como titular de la Comisión Nacional de Apoyo al Desarrollo de la Región Patagónica.
Como no podía ser de otra manera, fue puesto en funciones por el presidente Carlos Menem, quien ha decidido que Molina ascienda, desde el bajo perfil hasta la notoriedad, con un objetivo preciso y único establecido por el propio primer mandatario. Consiste en apuntar todos los cañones contra el gobernador santacruceño, Néstor Kirchner, y de paso contra su esposa, la senadora Cristina Fernández.
No es nuevo el fastidio que siente Menem por las actitudes de Kirchner, siempre en la vereda de enfrente, al punto de desairarlo hasta en eventos protocolares, como su ausencia en todos los actos en los que debía participar con motivo de la visita que efectuó el presidente de Chile, Eduardo Frei, hace algunos meses.

Amargo

Tampoco es nuevo que, en la intimidad, el mandatario se haya quejado amargamente por las actitudes del santacruceño. Pero lo que sí es una novedad es la estrategia diseñada para restarle aire para 1999, si es que Kirchner pretende ser candidato a presidente.
Fuentes seguras admitieron a La Nación que el mandatario está preocupado por evitar que la dupla Kirchner-Kirchner termine generando en el seno del justicialismo un polo "no menemista" para 1999.
También es un punto de preocupación que éstos puedan acceder a una alianza interna dispuesta a hacerle sombra a Eduardo Duhalde o a la fórmula que avale Menem, a quien se le admite la posibilidad de ser el gran elector.
Pedro Molina, otro integrante de esta entidad que buscará hacer obras en el ámbito patagónico y llevar de viaje a Menem sin necesidad de compartir escenario con Kirchner, estará acompañado por otro santacruceño.
Se trata del actual interventor del Correo Argentino y ex gobernador de esa provincia, Arturo Puricelli.
Puricelli, que se ha autodefinido como "un menemista de alma", será el compañero de ruta de Molina, quien, de tener éxito en la tarea encomendada, podría convertirse en el candidato más cotizado para suceder a Kirchner en su provincia en 1999.

Mejor imagen

Ante la imposibilidad de que el actual gobernador de Santa Cruz pueda alcanzar un nuevo mandato provincial, avizora Menem, es que se pretende fortalecer la imagen combativa de su esposa en el Senado, para convertirla en su sucesora en la provincia.
El Presidente, en cambio, piensa cómo desbaratar esos sueños e instalar en el confín patagónico a un hombre de su propio riñón. .
María Elena Polack

Disculpe Las Molestias. Estamos Trabajando Para Profundizar El Modelo


Por Maguila
Primero fue Gusana Giménez: "¡es una injusticia, es una locuuura! Se les fue de las manos...". Y concluye con análisis socio-económico, que si no le dan el próximo Nobel de Economía, le pasa raspando.

Y ahí saltaron los oportunistas de la queja. Los que quieren comprar dólares, los que no. Los que pueden, los que no.

Triste papel el de estos voceros de una mina con un importante historial de maniobras de evasión y de estafas al fisco y a los particulares, sus televidentes; esos que la hicieron millonaria.

Queridos chichipíos, sepan por que la Diva sufre de abstinencia al billete verde:

Susana Giménez posee un patrimonio en el país de 8 millones de pesos y en el exterior de 81 millones, aunque esta última valuación está siendo fiscalizada por la AFIP. Esos bienes están a nombre de la sociedad Splugen PT Ltd, de Singapur, que sólo debería declarar sus utilidades en caso de repatriar el capital a la Argentina.

Su indignada denuncia de que no le permitieron comprar dólares aunque tiene todos sus ingresos declarados, llamó la atención sobre la ingeniería tributaria con que se maneja. Con el 95 por ciento de las acciones es la socia gerente de SG Producciones, una Sociedad de Responsabilidad Limitada que factura sus servicios al canal Telefé.

Giménez declara un sueldo anual de 44.200 pesos. De este modo todos los meses paga sólo una retención del 2 por ciento. A fin de año, esa SRL paga el impuesto correspondiente a sus utilidades.

En 2010, facturó algo más de 7 millones de pesos y la AFIP le determinó un impuesto del 22 por ciento sobre ventas, alrededor de un millón y medio de pesos. Recién entonces la SRL le acreditó a la vedette sus honorarios como socia gerente (900.000 pesos) y su participación del 83 por ciento en las utilidades (el año pasado fueron 4.650.000 pesos), que están exentos de impuestos desde la década de 1990.

Como estos ingresos recién se informan en mayo del año siguiente, el pago del impuesto se difiere un año. Un pequeño inconveniente de este astuto esquema es que la AFIP sólo tiene el registro de su sueldo, de 3400 pesos mensuales, que como es lógico, no le permite comprar millones de dólares.

La SRL sí podría haberlos adquirido, pero pagando al hacerlo el impuesto a las ganancias, del que su accionista principal se exime. Giménez dijo que el tema de la compraventa de dólares se le había escapado de las manos al Estado. En su caso, parece todo lo contrario. (1)

Puedo entender las voces de las susanitas y los susanitos que a mayor o menor escala su "picardía" tributaria no les permite acceder a su objeto de deseo.

Al resto, a esos que por quejosos, por temerosos, por apocalípticos, por desconocimiento... y a los que eventualmente podrían tener algún incoveniente hasta que el sistema funcione aceitadamente, les decimos: DISCULPE LAS MOLESTIAS, ESTAMOS TRABAJANDO PARA PROFUNDIZAR EL MODELO.

martes, 8 de noviembre de 2011

El Barullo


Por Eduardo Aliverti

No es que nunca se vio, sino todo lo contrario. Pero la insistencia de chocar contra la misma piedra es digna de respeto.
Aunque ya venía amenazando poco antes de las elecciones, el clima de que "algo anda mal" no tardó ni un par de días en expandirse tras el 54 por ciento. El vehículo fue, es y será, cada vez que pueda o tenga que ser, el dólar como pasión argentina; como refugio hacia el cual escapar, o en el que guarecerse por si las moscas, según la convicción de sectores de una clase media que es la destinataria exclusiva del humor mediático. En la creación o amplificación de atmósferas conflictivas, importa tres pitos lo que ocurra con aquellos cuyo poder adquisitivo tiene nada que ver, en forma directa, con la cotización de la divisa estadounidense. En los grandes medios que motorizan expectativas desfavorables no existen ni la estabilidad del empleo, ni la asignación universal por hijo, ni el impacto de ésta en los índices de escolaridad, ni que precios crecientes no es igual a precios altos. Ni, menos que menos, los indicadores populares de que la política volvió a sentirse como algo que no discurre, necesariamente, por su sujeción a los agentes del poder económico. Esto no significa cargar culpas o responsabilidades decisorias en el papel de la prensa opositora; ni ignorar que en efecto hay dificultades en el flanco externo de la economía, por mucho que "problemas" y "algo anda mal" no sea la misma cosa. Es cierto que las importaciones crecen más que las exportaciones y que lo girado al exterior por las multinacionales se incrementó, porque también lo hicieron sus ganancias y por los requerimientos de sus casas matrices debido a la crisis financiera mundial. Es cierto que eso debe reubicar el alerta por el grado de extranjerización de la economía argentina. Y es cierto que el gobierno argentino, como lo explica Enrique Martínez en un análisis de circulación electrónica, cometió un error. "Reglamentar la compra de dólares, aun en muy pequeña cantidad (...), avivó fantasmas del pasado sin necesidad y, rápidamente, fue aprovechado por quienes quieren sabotear esta política con una intención muy clara: conseguir que Argentina tome deuda externa nuevamente, y reinicie la rueda perversa que ya sabemos a dónde conduce (...) Un error que en política no es admisible: tomar una decisión sin prever qué hará el adversario sobre ella. La prensa hostil, más varios operadores cambiarios, reaccionaron con agilidad y sembraron el temor, porque en ese burbujeo es donde más ganan." Basta citar alguna cifra, como la que habla de que los exportadores sojeros, desde hace alrededor de dos semanas, liquidan un 40 por ciento menos de lo que les corresponde impositivamente. Y también es cierto, como especifica el titular del INTI, que debe diferenciarse a quien guardó o guarda dólares en el colchón de quien busca colocarlos en un banco del exterior, usualmente por una vía irregular. "Cierta prensa malintencionada llama a ambas cosas 'fuga de capital', cuando en rigor sólo la segunda lo es. La primera forma de ahorro les quita recursos a los bancos, pero eso es mucho menos grave que llevarse el dinero fuera del país."
En línea análoga con esos manipuleos mediáticos, el recorte en los subsidios del Estado a las empresas de servicios públicos, como a compañías financieras y de seguros, juegos de azar, puertos y aeropuertos, etcétera, fue presentado cual demostración del estrangulamiento que atravesarían las arcas fiscales. La impertérrita gata Flora sale a escena una vez más, tras su insistencia de hace tiempo con lo imperioso de que el Gobierno recorte ese tipo de beneficios. Ahora que lo hace, por las cuentas requirentes de ajuste pero en un marco que puede impedir su traslado a las porciones sociales más desprotegidas, resulta que es símbolo de soga casi al cuello.
En sentido más universal acerca de las andanzas discursivas de la derecha, no sólo en plano periodístico, en Página/12 del martes pasado hay una excelente entrevista del colega Javier Lewkowicz a Pablo Bortz, economista argentino de la Universidad Tecnológica de Delft, Holanda. La nota merece ser leída en su totalidad porque, tanto desde la sencillez explicativa como por los datos y conclusiones que brinda Bortz, echa muy buena luz estructural sobre la presunta insensatez del "rescate" que la Unión Europea le (se) propone para la caldera griega. Pero el remate, sobre todo, es neurálgico. A la pregunta de qué efecto produce a nivel político la crisis económica, Bortz señala que "los partidos de ultraderecha, que luego de la Segunda Guerra Mundial no tenían gran relevancia, ahora han crecido en muchos distritos hasta ser, casi, opción de gobierno (...) La derecha hizo (...) un discurso muy inteligente. Si en Argentina apela a 'Doña Rosa' (bueno, podría decirse que apelaba), en Holanda inventaron a 'Hank y Greta', una pareja cincuentona que 'paga impuestos para que en las universidades estudien vagos y los extranjeros les quiten el trabajo a los nativos' (...) Dicen que Grecia es el ejemplo de descontrol fiscal, se quejan de 'los vagos griegos', pero Grecia no paga en pensiones, como porcentaje del PBI, más que Alemania o Austria. En cambio, los griegos trabajan un 40 por ciento más, en horas, que los alemanes y los holandeses". Y entonces sigue el apunte que, como bien dice Bortz, nadie menciona. "Grecia tiene un importante gasto militar, (...) por el conflicto con Turquía por Chipre. Y no por casualidad, sus principales proveedores de armas son Alemania y Francia. De hecho, (...) hubo un rescate de 100 mil millones de euros, condicionado a que Grecia compre 20 mil millones en armas."
¿Esto vendría a ser el "anarco-capitalismo financiero"? No, esto es capitalismo en el más puro de sus estados. El periodista podría observar, acerca de eso, un matiz de diferencia con el discurso impactante que dio la presidenta argentina esta semana, en Francia, durante la cumbre de los desarrollados más los emergentes. Vale reparar, como marcaje excedente de la nota de color, que volvió a prescindir de hasta un mero ayudamemoria como sostén de su oratoria excepcional: imaginemos, por un segundo, que delante de esa crema de presidentes y primeros ministros hubiera tenido que exponer cualquiera de los espectros de nuestra oposición. Fuera de eso, Cristina ratificó su confianza en el sistema, aludiendo a la necesidad de un capitalismo más serio que, en vez de controlar a los países a ver cómo ajustan, regule a los que verdaderamente deben regularse. Obama y Sarkozy se rindieron mediáticamente a los pies de esta jefa de Estado que les chanta en la cara cuánto están equivocándose, pero asoma alguna dosis de ingenuidad --de cínica brillantez, es probable-- en la pretensión de que se corrijan. La mirada o demanda del suscripto es un tanto rebuscada, políticamente hablando, porque la correlación de fuerzas internacional es la que es. Debería bastar con que Cristina llegó hasta el límite de correrlos por izquierda. Pero si pasamos a lo ideológico, estaría claro que el capitalismo ya no tiene respuestas de justicia social y que se impone una instancia superadora. Un foro como el G-20 no da para decir eso, con toda seguridad. Jamás debe perderse de vista la distancia abismal entre la responsabilidad de un líder político y las facilidades de un comentarista. Y por lo pronto, se advierte en el discurso presidencial la idea subyacente de que, así como están, no van a ninguna parte que no sea horrible para la mayoría y las mayorías de los pueblos. Cristina es lo más a la izquierda que haya surgido de mucho tiempo a esta parte, en este país y en el subcontinente, desde una concepción de estadista respetada. Y encabeza aquí la única herramienta política que, hoy por hoy, es capaz de consolidar un rumbo de reparación para esas grandes mayorías, sin que eso quiera decir más que eso.
A la hora de fijarse o alarmarse por el barullo con la compra autorizada de dólares, sin ir más lejos, es mejor tenerlo en cuenta porque a la película de joder con la economía y la desconfianza de la clase media, a falta de opciones políticas de derecha que tengan votos, también ya la vimos.