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jueves, 8 de septiembre de 2011

La oposición ha muerto, viva la oposición

Las pasadas elecciones primarias no solo sorprendieron a mas de uno -incluído quien escribe- sino que, además, presentaron un escenario que necesariamente implicará una reconfiguración de la política argentina, que se terminara de consolidar el día después a las elecciones de octubre, al menos si no sucede una verdadera sorpresa. El resultado electoral mostró la consolidación del partido oficialista como fuerza política hegemónica a nivel nacional, y muy por detrás una terrible dispersión y -también origen de esa dispersión- el eje de estas líneas: una pésima adaptación de las fuerzas opositoras a la actualidad política argentina y en general. Hay algunas cosas que han quedado bastante claras luego de lo ocurrido hace ya unas cuantas semanas. En primer lugar, el fracaso de los proyectos políticos improvisados y basados fundamentalmente en las figuras políticas por sobre una idea, modelo o visión. Nunca se supo que ofrecía la oposición más que ser oposición. Nunca quedo claro que los diferenciaba del gobierno y entre ellos. Con una sociedad positiva o negativamente kirchnerista (es decir, kirchneristas o antikirchneristas), la multiplicidad de opciones opositoras no claramente diferenciadas produjo una terrible dispersión que fue letal para dicha oposición y que, para colmo, hoy los sondeos muestran invertida: los que estaban en cuarto y quinto puesto pasarían a segundo y tercero, bajando los que terminaron en el podio en agosto. En segundo lugar, quedo claro que los partidos tienen su peso y su esencia, su historia, que no es decorativa. El kirchnerismo se peronizó todo lo que pudo y se mostró, al menos desde 2009, como la principal fuerza peronista sin caer por ello en un innecesario sectarismo. El gobierno nacional fue siempre, o al menos de un par de años para acá, bastante mesurado en ese sentido, pero entre otras cosas que dejaron el impacto de junio de 2009, una de ellas fue la valoración por parte del oficialismo del rol de los partidos políticos y la necesidad de pluralidad dentro de esas fuerzas políticas. El proyecto nacional, digamos, cualquier proyecto nacional, requiere de gente que no piensa exactamente como uno. Eso es inevitable en tanto seamos 40 millones y queramos abarcar a todos los argentinos que quieran en cualquier proyecto político. Todo lo contrario hizo el radicalismo y el resultado esta a la vista: es más que probable que ni siquiera se convierta en la segunda fuerza luego de octubre. La heterodoxia de Alfonsín en su alianza con De Narváez y todo lo que eso implicó de la candidatura a gobernador para abajo (por ejemplo, Mercuri candidato en la lista "radical"), fue un abuso de confianza y un intento de transversalidad un tanto desmedido que desestimo la importancia de la UCR como uno de los grandes partidos políticos. La reestructuración de la UCR después de esto es inevitable, los fracasos han sido muchos para el radicalismo y todas sus chances de resurgimiento siempre fueron boicoteados por sus propios dirigentes. Aun así, el radicalismo sigue teniendo alma propia: con todo eso logro el segundo lugar en las elecciones pasadas, y, pase lo que pase, luego del peronismo el radicalismo es la fuerza política con mas despliegue nacional, por lo que uno puede imaginar que lejos estamos de ver el fin de la UCR, sino mas bien algún giro en el sentido de reintegrarse y consolidarse como segunda fuerza detrás del peronismo que, de darse los resultados proyectados, estaría en las manos del kirchnerismo durante al menos cuatro años. Al "peronismo disidente" no le va a quedar otra que fusionarse con el PRO o competir por dentro del PJ con el kirchnerismo si no quiere convertirse en el Frepaso de derecha. Podríamos decir, algo metafóricamente, que la oposición post-125 va a morir en octubre si el oficialismo repite los números de agosto, para resurgir otra oposición que, por su propio bien y por el bien de la democracia, es probable que se vuelva mas partidaria que personalista. Incluso así va a tener que ser en el kirchnerismo como fuerza hegemónica justicialista: Néstor ya no esta y Cristina no tiene mas tiempo -y, creo yo, comprende muy bien que aun con todo a favor y con los mejores resultados posibles, es poco prudente buscar alguna vía para prolongar su mandato, que el proyecto kirchnerista tiene que echar raíces y dejar de ser un proyecto de Néstor y Cristina para ser el eje de reconstrucción de un movimiento político popular, nacionalista o bien regionalista y desarrollista en oposición al liberalismo construido en Argentina paulatinamente desde marzo de 1976. La democracia argentina necesita dar este paso, es fundamental. No porque a algunos nos molesten los personalismos, en particular podría decir que no es el caso. Sino porque los personalismos muchas veces tienden a diluir el espíritu de los movimientos políticos, de las diferentes corrientes partidarias y de los propios partidos políticos. Los líderes tienen un tiempo de vida útil, y como todas las personas, cambian y no necesariamente para bien. Los movimientos políticos perduran y son un poco mas estables, siempre hay alguien atrás que puede tomar la posta de ese líder, aun si ese líder es un líder carismático, fuerte, capaz, etc. La reforma política seguramente fue pensada en este sentido. Es necesario para la democracia que existan un número razonable de partidos políticos, estables y representativos, que garanticen la diversidad de opciones claras y concretas para el electorado por encima de los proyectos personales. Carrió desapareció, entre otras cosas, porque hizo y deshizo tantas agrupaciones políticas, tantas alianzas y dijo y desdijo tanto que es indescifrable, votar a Carrió es no saber bien que se esta votando. Su figura, por si misma, no vale nada. Lo que valía de Elisa era su discurso, o su posicionamiento, nos guste o no. Pero eso ya no existe mas, solo queda ella, la cáscara, la presencia física. Se percibe fuertemente que dentro no queda casi nada, que entre las malas opciones radicales es más lógico refugiarse en la opción más ortodoxa, que es lo que finalmente hizo ese electorado radical. La reforma política va a establecer, si todo va bien, una supervivencia natural en los partidos en la que sobrevivirán los que mejor se adapten a su ecosistema, al mundo interno de cada partido como al mundo externo. Las internas van a definir que tanto esa corriente representa o corresponde a ese partido político, y que tanto se adapta a las necesidades de la sociedad en la coyuntura, a la realidad y las necesidades de cada tiempo. Es muy probable que veamos morir a un estilo de oposición para ver nacer otro. Todos deberíamos alegrarnos de eso, es momento de romper con esta estructura: le hace daño a la oposición, que no tiene rumbo, que esta fuertemente dispersa y atomizada, y le hace daño al oficialismo al quitarle la fuerza impulsora necesaria para evitar el estancamiento. Necesitamos una democracia más aceitada y dinámica, mas polarizada y con partidos mas fuertes. Y para eso, necesariamente, algo tiene que morir y algo tiene que nacer.

Publicado por: Patricio.
 

lunes, 22 de agosto de 2011

¿Hay que quemar los papeles?

Hace apenas unos días, antes de las elecciones primarias, publiqué en este blog una nota en la que analizaba el futuro del kirchnerismo y que sería de él, o, más bien, que sería más probable que le deparara el futuro. Pues bien, hoy no estoy tan seguro de todo eso que propuse.

Estoy convencido de que, en esencia, ese es el espíritu de la reforma política: la consolidación de los grandes partidos (básicamente, dos, aunque el radicalismo tiene que remar mucho para pararse como la alternativa al peronismo hoy por hoy) y que dentro de estos partidos se diriman las tendencias. Alguno podría decir “bueno, pero ¿hasta qué punto Duhalde o Menem son parte de un movimiento nacional y popular como el peronismo?”. Y yo también me lo permitiría dudar, pero, en fin, justamente para eso estarían las internas, para dejar en claro quien realmente representa a esa fuerza política y los pilares que la sostienen y la hacen lo que es. Dicho de otro modo, es la gente la que tiene que ponerle los puntos a quien quiere ocupar un lugar al que no parece pertenecer, o premiar a quien se acerca a lo que esa sociedad interpreta que significa esa fuerza política. La crisis política en Argentina tiene mucho que ver con esto: todos los partidos se pueden parecer, al punto de que fuerzas en principio populares como el peronismo (casos Menem o Duhalde), el radicalismo (diría que desde Yrigoyen para acá, casi todos) o el mismo socialismo (Binner, que no puede disimular sus buenas relaciones con las corporaciones de medios y sobre todo la agropecuaria) pueden tener visiones muy conservadoras de su rol como tales fuerzas políticas, muy limitadas y hasta si se quiere, pacatas. Me acuerdo de un ejemplo que ilustra muy bien este punto: Pino Solanas, en el debate porteño del 2009, atacó al macrismo por dos cosas fundamentales, una, los prostíbulos. La segunda, el aumento del ABL, que es probable que haya sido la medida más progresista del macrismo desde que llegó al poder en 2007.

El kirchnerismo tiene algo que no tiene el resto, y es esa suerte de irreverencia, la intransigencia que a tantos –ajenos y también propios– incomoda. Es cierto que uso palabras un tanto exageradas, pero visto desde la perspectiva de lo que han sido los gobiernos desde 1983, el gobierno parece ser trasgresor por el mero hecho de ejercer el poder, que, claro, es lo que le corresponde a fin de cuentas porque para eso está la democracia representativa. Es cierto, y lo sostengo aún, que los medios tienen la capacidad de crear una situación aparente, que en muchos casos es exagerada y en otros es directamente inventada, como el caso “Argentina, país inseguro”, y que en esa coyuntura los gobiernos ganan estabilidad cuanto más demagogos son. Pero el precio de esa demagogia existe, y el gobierno actual ha sabido equilibrar –con sus errores, claro, pero fundamentalmente con sus aciertos– hasta que punto dar rienda a los deseos caprichosos de nosotros, el pueblo, sin perder su autonomía. Para el caso, en la nota anterior ponía como ejemplo lo de los gendarmes o los patrulleros en la calle, que ya sabemos –a menos que seamos demasiado ingenuos– que no van a llevar a cero los casos de homicidio y los consecuentes rebotes televisivos.

Me permito, entonces, dudar de la idea de que el kirchnerismo es hoy la fuerza del orden, y que la gente ha elegido esa fuerza del orden. Dicho en otras palabras, lo que algunos definen más o menos así: a la izquierda del kirchnerismo no hay nada porque tampoco lo hay a la derecha, en tanto el oficialismo hoy triunfa porque a fin de cuentas triunfan todos los oficialismos cuando las cosas andan bien.
Es una interpretación conservadora, y está bien, porque de todos modos todos hablamos de algo que no conocemos: la voluntad de cada uno de los que eligen. Pero yo no la comparto del todo, precisamente por ser una interpretación conservadora aplicada a un gobierno que no cumple con los requisitos de un gobierno conservador “hecho y derecho”.

En todo caso, el problema acá está en plantear que o bien hay un conservadurismo, o hay una auténtica revolución. Algo parecido a lo que sucede con las izquierdas respecto a la negación del peronismo como movimiento revolucionario; todo depende de cómo uno define el juego y el tablero, y cuantos grises se permiten entre las fichas blancas y negras. Porque uno bien puede recortar la historia, y decir que de la boca de Perón salieron palabras como, por ejemplo, aquellas cuando llamaba al pueblo a empuñar las armas contra los asesinos que bombardearon la Plaza de Mayo:


El reciente resultado de las elecciones primarias es demasiado contundente para liarlo así como así a los resultados de las elecciones provinciales o distritales del presente año. Las únicas comparables en número incluyen al oficialismo (caso Salta). Ahora bien, cuando miramos los resultados de las elecciones en el resto de las provincias, en casi todas excepto la Ciudad de Buenos Aires (dónde, aún así, Macri necesitó el ballotage para completar el triunfo) la oposición tuvo una arremetida oficialista que sorprendió: en Catamarca directamente el oficialismo le ganó a un Frente Cívico que venía ganando hacía veinte años, en Tierra del Fuego Bertone ganó la primera vuelta holgadamente y por muy poco no se quedó con la gobernación, en Chubut hubo que volver a votar en algunos pueblos y ciudades por lo apretada de la elección. Los otros dos casos en los que la oposición ganó fueron Santa Fé y Córdoba. En el primero ganó el binnerismo, actual oficialismo, por muy poco sobre un candidato testimonial como Miguel del Sel. Y en el segundo ganó De la Sota sin definirse por alguno de los sectores en los que se divide hoy el justicialismo nacional, y apostando a sumar el voto kirchnerista, lo que se desnuda con los resultados de las primarias.

Es decir, me permito dudar de la idea de que la gente vota a los oficialismos, y que una sólo una intensa minoría valora el rol político del gobierno. Porque el tema es… ¿y qué tal si no es exactamente así? Quiero decir, ¿qué pasa si en realidad hay un voto más complejo, que va más allá de “pagar el plasma y ver a Tinelli” y tiene que ver con el reconocimiento del ejercicio del poder político del gobierno? Hace rato que me resisto a la idea de que hay un estilo K, sino que más bien lo que trajo el oficialismo bajo el brazo es la decisión de hacer cosas cuando lo cree conveniente y ejercer el verdadero poder político, lo que nadie hizo desde que la democracia fue asaltada y ultrajada por la última dictadura militar. Ha sido así también con Kirchner casi inmediatamente luego de ganar las elecciones de 2003, no es un fenómeno post 2008: el pago al FMI, el no al ALCA, la reivindicación de los desaparecidos y la bajada del cuadro de Videla, la ruptura con Duhalde, entre otras cosas, muestran el carácter no tan pragmático del kirchnerismo. ¿Quién puede creer que bajar el cuadro de Videla apenas un año después de asumir el gobierno con 55% de pobres y 25% de desocupados paga políticamente? ¿Alguien puede creer seriamente la gilada esa de “los Kirchner se apropiaron de los DDHH porque les conviene”?

Si uno lee la historia completa, la “victoria de los oficialismos” está acompañada de un crecimiento importante del oficialismo nacional en todas las provincias. Hay gente que dice “yo estoy con este gobierno”, una situación que no sucedía cuando el pragmatismo del elector invitó a votar a Carlos Menem en 1995. Hay una militancia joven novedosa, inédita para los últimos años de recuperación democrática. Es decir, hay fenómenos que diferencian notablemente este momento del conformismo menemista, o el mismísimo voto conservador a Kirchner cual “chirolita de Duhalde”, a decir de Mariano Grondona, en 2003. Y, sobre todas las cosas, hay un gobierno que, literalmente, se pelea con los que cuentan las “verdades” del día a día al tipo de a pie, y aún así un 50% y algo más de la población le da su apoyo.

Lo que está escrito en los libros ahora corre riesgo de quedar obsoleto. Quizá no es que el oficialismo tenga que acostumbrarse a períodos más conservadores. Quizá lo que venga sea la necesidad –inédita, diría, y a la vez saludable– de reconfiguración de una oposición que revalorice el rol de la política y se dé su lugar por encima de ese “sentido común” etéreo que estamos (mal) acostumbrados a tragar, independientemente de sus bases ideológicas, y por encima de las corporaciones que juegan el juego de la política en la periferia del tablero.

Publicado por: Patricio

miércoles, 10 de agosto de 2011

El kirchnerismo y el 2012


Hay una certeza en torno al futuro político en la Argentina y puntualmente en torno al peronismo: gane o pierda las elecciones, el oficialismo en tanto kirchnerismo “puro” (digamos, conducido por Néstor o Cristina Kirchner, hoy irremediablemente por Cristina) va a tener un plazo de cuatro años como máximo, y está limitado a un tiempo muy corto, a menos que se diera una improbable reforma constitucional. Incluso, uno puede aventurar que el kirchnerismo actual de todos modos va a sufrir modificaciones aún con Cristina en el gobierno (y eso es normal, dado que la política no es estática, y generalmente menos si hablamos de peronismo).

La gran pregunta es, entonces, ¿seguirá existiendo el kirchnerismo?

Las respuestas posibles son muchas. Está claro que el peronismo, hasta los Kirchner, vio desvanecer sus subgéneros (menemismo, duhaldismo y otros menores) a niveles impopulares. Si Duhalde se presenta hoy a elecciones no tiene que ver esto con que tenga en mente que ese 15 o 20% que puede aspirar a conseguir es duhaldismo, a diferencia del kirchnerismo que si tiene una identidad un poco más definida.

Quien escribe se anima a aventurar que el futuro del kirchnerismo difícilmente pueda ser el de la desaparición al estilo menemismo, o de la conformación de un movimiento o partido nuevo. Sin embargo, con o sin los Kirchner, creo que el kirchnerismo llego para quedarse. Si existe un ala alfonsinista en la UCR, con mas razón uno puede imaginar que se conforme un ala kirchnerista dentro del justicialismo. La entrada en escena de las primarias abiertas podría ser el origen de lo que no se ha dado para este caso: una polarización intra-partidos entre alas más liberales o mas estatistas, por ejemplo. El kirchnerismo ha recuperado la interpretación del peronismo que se perdió con el menemismo, la de un partido cuyos ejes son el trabajo y la participación activa del Estado en la vida democrática de los argentinos, interpretación que muchos pueden denominar “peronismo de izquierda”, y no está del todo mal.
Así, lo que resultaría de este fenómeno seria una consolidación fuerte del bipartidismo y la desaparición paulatina de terceras fuerzas, como el PRO, que además de tener poca razón de ser vería mermar sus filas por el exilio del peronismo liberal -si le podemos llamar peronismo, pero esas son interpretaciones personales- al PJ.

Por supuesto, esto traería como consecuencia una tendencia al ir y venir clásico de la orientación de los gobiernos: un poco más hacia el estatismo o a la izquierda, un poco más hacia el liberalismo o la derecha, con lo cual uno imagina por momentos que una Cristina Kirchner o una Stolbizer sean las referentes de los partidos mayoritarios, y por otros que un Duhalde o un Cobos sean esos referentes. Digamos que, de algún modo, es a eso a lo que nos lleva la reforma política.

Y ahí surge otra pregunta: En tal caso, ¿cuáles serán los límites del kirchnerismo? O bien, y más fácil, ¿cuáles deberían ser esos límites? Existen diferentes formas de interpretar al kirchnerismo, y eso es lógico teniendo en cuenta su propia complejidad. Algunos creemos que el kirchnerismo tiene la obligación de tener a mano formas edulcoradas de sí mismo, como el caso de Daniel Scioli, para periodos en los que el estilo fuerte que representa el kirchnerismo “puro” sea impopular. Dicho de otra forma, tener un colchón que le permita al kirchnerismo seguir siendo y preservar todo lo que se pueda de lo que construye cuando es gobierno y juega a pleno. A diferencia de los sectores mas “extremistas” (no es la palabra, pero bueno) del kirchnerismo, creo que no es lo mismo Scioli o Urtubey que Macri. Sabemos que son conservadores en muchos aspectos, pero también que representan a sectores sociales populares que son los que los votan. Es decir, Scioli o Urtubey tienen la necesidad de gobernar para las clases sociales más postergadas por diversos motivos pero, fundamentalmente, porque son peronistas y están fuertemente vinculados al kirchnerismo. A ninguno de los dos les conviene diferenciarse del oficialismo para convencer a los anti, simplemente porque ya cargan con el estigma del peronismo y del kirchnerismo. Ninguno como potencial presidente cometería hoy el suicidio de modificar la matriz del desarrollo económico-social que construyo el kirchnerismo en tanto esa matriz permita mantener las variables socioeconómicas en niveles razonablemente buenos para lo que dejó el neoliberalismo que llego con la dictadura. Podrían, candidatos como estos, mostrarse más condescendientes con el poder mediático -diría, el gran enemigo del kirchnerismo- pero en la cáscara, en las formas, como de hecho en parte hoy lo hace el kirchnerismo por necesidad: por ejemplo, gendarmes en la calle, aunque la “inseguridad” sea más una fantasía que una realidad. A fin de cuentas, es cáscara si el Estado no decide reprimir.

Estoy convencido de que la mayoría del peronismo (hablo del votante o el militante fundamentalmente), incluso muchos de los que hoy eligen a Duhalde o Rodríguez Saa, no quieren volver al menemismo. Y eso es muy bueno, si se quiere, y es un gran merito del kirchnerismo, el haber devuelto al peronismo sus banderas históricas, las que perdió a manos del menemismo. El problema es que la sociedad de hoy -en el mundo, diría- está fuertemente atravesada por la virtualidad, es decir, por los medios con todo lo que esa palabra significa. La virtualidad a la que me refiero implica que una realidad puede ser creada, a partir de que es modificada magnificando, minimizando, omitiendo, tergiversando o simplemente inventando determinados hechos. Cualquier encuesta hoy revelaría que la mayoría de la gente está preocupada por la “inseguridad”, pero que la mayoría de esa gente preocupada no sufrió un hecho delictivo y le llega esa información vía medios masivos de comunicación -o por rebote.

Con una sociedad así, siempre va a ser inútil el esfuerzo comunicacional del Estado. Por eso, no es que el Estado comunica mal, es que la gente no cree en eso que se le comunica. Raramente la gente le cree mas al gobierno que a los medios masivos de comunicación.
Por eso, es necesario que el kirchnerismo en tanto peronismo de importante presencia estatal y orientado al bienestar de las clases trabajadoras por encima del liberalismo, comience a ampliar su brecha lo más posible, sin por eso dejar un solo principio en el camino. No seria difícil que en un futuro no muy lejano dentro del PJ haya dos ramas, y una de ellas sea la rama kirchnerista. Me parece que tampoco seria extraño ver ahí a Scioli o Urtubey como referentes, y hay que ir pensando en eso, de a poco, como una posibilidad concreta de cara al futuro, pero ya asomando en 2012.

 Publicado por: Patricio.

martes, 28 de septiembre de 2010

Le toman el pelo a la gente ¿no?

Publicado por Gerardo Fernández

El ambiente está enrarecido definitivamente. Un periodista manipula asquerosamente un post denunciando una amenaza contra su vida, los principales diarios le hacen coro, incluso el Editor Jefe firma un editorial al respecto aventurando que se quiere silenciar a un periodista independiente.

Pero ahora se suman dos diputadas de la nación al circo.

La única explicación razonable que hay es que desde Alfredo Leuco a las señoras legisladoras, todos parten de la base que la sociedad está compuesta por imbéciles y proceden en consecuencia. Quizá la cultura del zócalo es más fuerte de lo que uno se imagina y buena parte de la gente se informa con esos titulares. No obstante me parece que están sobre dimensionando el nivel de estupidez del argentino medio.



H.Cámara de Diputados de la Nación
PROYECTO DE RESOLUCIÓN


Texto facilitado por los firmantes del proyecto. Debe tenerse en cuenta que solamente podrá ser tenido por auténtico el texto publicado en el respectivo Trámite Parlamentario, editado por la Imprenta del Congreso de la Nación.


Nº de Expediente
7034-D-2010
Trámite Parlamentario
140 (23/09/2010)
Sumario
PEDIDO DE INFORMES VERBALES AL SEÑOR JEFE DE GABINETE DE MINISTROS ANTE LA COMISION DE LIBERTAD DE EXPRESION SOBRE LA RELACION ENTRE EL GOBIERNO NACIONAL Y EL SITIO WEB REPUBLICA UNIDA DE LA SOJA, Y OTRAS CUESTIONES CONEXAS.
Firmantes
BULLRICH, PATRICIA - GIUDICI, SILVANA MYRIAM.
Giro a Comisiones
SEGURIDAD INTERIOR; LIBERTAD DE EXPRESION.


La Cámara de Diputados de la Nación

RESUELVE:
Convocar al Sr. Jefe de Gabinetes de Ministros, Aníbal Fernández, a la comisión de Libertad de Expresión de esta H. Cámara, a fin de brindar un detallado informe sobre la relación existente entre el gobierno nacional y el sitio web República Unida de la Soja, y respecto a los siguientes puntos:
Informe cuál es la relación funcional del Jefe de Gabinete de Ministros y el sitio Web República Unida de la Soja y su Director Lucas Carrasco
Indique que tipo de apoyo brinda la jefatura de Gabinete a los blogs que forman parte del aparato comunicacional oficial
De tipo económico
De tipo logístico
De tipo tecnológico
De ser afirmativa, responda montos y mecanismos de transferencia de dinero o aportes de equipos o publicidad a los blogs que forman parte de la red de blogueros apoyados por el gobierno nacional.
Indique si en la reunión realizada el 12 de abril de 2010 conocida como un encuentro entre el jefe de Gabinete y los cybermilitantes se tomaron decisiones respecto al seguimiento y hostigamiento a periodistas, políticos, y si entre ellos se encontraba Alfredo Leuco.
Informe si en esa reunión agradeció la tarea realizada por los programas de TV 6,7,8; Duro de Domar y TV registrada, tal como consignan las crónicas periodísticas.
Indique si téccnicos del gobierno trabajan dando sostén a los blogs K especialmente al llamado República Unida de la Soja.
Exponga cómo se conforma la estructura de comunicación oficial. Al respecto, indique qué dependencias oficiales y presupuesto disponen para los blogueros K.


FUNDAMENTOS
Señor presidente:
manifestaciones vertidas en el sitio web República Unida de la Soja, realizadas por el bloguero Lucas Carrasco, contra el periodista Alfredo Leuco.
Las manifestaciones publicadas en el blog de referencia dicen textualmente: Voy a juntar gente, irme a la puerta de canal 26, hacerle un escrache. Voy a matar a todos. No va a quedar ninguno vivo. Voy a entrar con una metralleta a ese programa". Estas repudiables manifestaciones se refieren al canal de cable donde Leuco transmite su programa, y publicadas bajo un titulo amenazante: "Voy a matar a todos".
Lucas Carrasco, autor del sitio web en cuestión, además de un confeso militante kirchnerista, ha sido panelista de los programas "6, 7, 8", y "Duro de Domar", por lo que es claro el conocimiento sobre esta persona por parte del gobierno nacional.
No sólo la gravedad de las manifestaciones merecen un expreso repudio de esta H. Cámara, sino que además se debe convocar de manera urgente al Sr. Jefe de Gabinetes de Ministros al seno de la Comisión de Libertad de Expresión a fin de que informe cuál es la relación existente entre el PEN y Lucas Carrasco.
En este sentido, es imperioso conocer si desde la Jefatura de Gabinete de Ministros se financia, o monitorea todo lo que se publica en ese sitio web, así como en otros blog que apoyan la gestión gubernamental. Además, el Jefe de Gabinete debe explicar los alcances de las directrices que habría dado a los cybermilitantes kirchneristas en ocasión de una charla ofrecida en abril pasado.
El jefe de Gabinete de Ministros debe dar explicaciones respecto a cual es el grado de responsabilidad del gobierno sobre los blogueros que sostienen las políticas oficialistas. El Jefe de Gabinete deberá explicar qué tipo de apoyo reciben los blogueros, es decir, si consiste en un apoyo económico, logístico, o de otra naturaleza.
Es por todo lo expuesto, Sr. Presidente, solicito la aprobación del presente pedido de informes.

Compilado por Simón

lunes, 27 de septiembre de 2010

Sandra Russo: "El kirchnerismo es algo superador del peronismo"

Por: Iván Schargrodsky 

Sandra Russo recibió a Política Argentina, en el marco de su ida de Radio Nacional, por diferencias con su directora, María Seoane. En el encuentro, la panelista de 678 se refirió, con nombre y apellido, a todos los actores de la política vernácula, confesó que no confía en Proyecto Sur –“no les creo nada”, recalcó”- y, además, adelantó algunas aristas del libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Es la única panelista inobjetable de 678 y una histórica en Página/12. Reconocida por propios y extraños, es una de las periodistas más prestigiosas del país. Angustiada por su ida de Radio Nacional, por diferencias con las autoridades, Sandra Russo mantuvo un encuentro con Política Argentina, en el que analizó el proyecto del oficialismo nacional, sus defectos, los Gobiernos populistas de América latina y, entre otras cosas, el libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Qué le falta a este modelo para dejar de ser una variante del peronismo y pasar a ser un proceso autónomo?
-Creo que, de algún modo, el kirchnerismo es algo superador del peronismo, pero no me parece que esté próximo ni me puedo imaginar ahora una manera de que lo evite. Creo que se está haciendo una relectura de lo que fue el peronismo, y es una lectura más completa que incluye revisitar lo que fue la Revolución Libertadora. No se puede analizar al peronismo, sin pensar lo que fue la Unión Democrática, o en las fuerzas que siempre lo trataron de aplastar, porque eso también formó parte de la dialéctica argentina, y lo estamos viendo de nuevo hoy.

-¿Y esta metamorfosis, el kirchnerismo, si así lo quisiera, podría lograrla condicionándose con sectores como el de Martín Sabbatella, un ala del socialismo, o esa alianza ya es imposible que se ejecute?
-Somos un montón los que estamos apostando a ese camino. O sea, a mí no me interesa un kirchnerismo pejotizado en el sentido tradicional. Tampoco me parece que necesariamente haya que renunciar a la identidad peronista, que es el núcleo duro del kirchnerismo. Los Kirchner pertenecen a un sector del peronismo que siempre estuvo a favor de la discusión política y no de la lucha armada, pensando o previendo, que eso iba a terminar en lo que terminó: que no podían ganar. Ahí se distinguen dos líneas bastante fuertes en la política argentina y no sólo en el peronismo: los que tienen de verdad vocación de poder. Y hay otra gente, como por ejemplo la izquierda argentina o la derecha de (Elisa) Carrió, que no tiene vocación de poder; construyen, se diferencian, logran tener una identidad, pero después se dividen. Ése es el clásico de la izquierda argentina. Hay muchos bloques de dos, tres, cuatro personas, que no quieren cosas demasiado diferentes, pero cada uno quiere ponerle un sello personal.

-Egos.
-Sí, son egos, es una cuestión sectaria, y además, para mí también hay una cuestión en ese análisis que es muy compleja, y tiene que ver con que si hay millones de personas convencidas de algo, hasta ontológicamente les parece que no se pueden sumar a eso, que tienen que proponer otra cosa. Es una visión opuesta a la que tenemos otros, que creemos que cualquier cosa buena es posible, solamente articulando, que es la clave ahora. He escuchado a (Néstor) Kirchner hablar, casi teóricamente, de un colectivo nacional y popular que hoy puede conducir el kirchnerismo desde el peronismo, pero dentro de uno o dos mandatos puede estar conducido por (Martín) Sabbatella, depende cómo evolucione cada liderazgo. Eso sería lo deseable, que se geste una identidad fuerte nacional y popular, que no necesariamente tenga la impronta peronista.

-¿La clase media tiene un error conceptual al no distinguir  popularidad de prestigio?
-Lo que sucedió en los años en que se empezó a conformar la hegemonía mediática fue que nació la videopolítica, y el primer político que la usó fue (Carlos) Menem.  Ésa es una de las grandes explicaciones del menemismo. Lo hechizada que estaba la sociedad argentina, que pudo darse cuenta y asquearse del menemismo, pero no cuestionar sus políticas, porque sino el electorado no hubiese aceptado que pusieran a Domingo Cavallo como ministro de Economía de De la Rúa. Y no hubiésemos llegado al 2001. Evidentemente, hubo resortes de racionalidad en la sociedad argentina que se mantuvieron obturados por los medios de comunicación. Menem quedó como que era un tipo excéntrico que tenía patillas y que era un grasa. Y después vino la Alianza que era gente con traje que había terminado la universidad; pero las políticas eran las mismas. Ese debate nunca estuvo, porque los medios no le dieron lugar. Hoy se están dando muchos debates en 678, por ejemplo, y la gente que sigue el programa los tiene presentes simplemente porque se abrió una ventana a temas que eran absolutamente tabúes  y que estaban afuera de la agenda de los medios. Esto es lo que tiene de irritante 678

-Justamente. ¿El debate que se dio con Robert Cox, Eduardo Aliverti y Ricardo Forster, no da lugar a vislumbrar que en Argentina se debate poco y que oficialistas y opositores deberían sentarse más a discutir ideas?
-Seguro. Lo que pasa es que nosotros tenemos un problema que es que se han hecho decenas de invitaciones, y no vienen. Porque tenés que tener presente que ellos están acostumbrados a dialogar con periodistas que no trabajan de tales. Nunca hay una repregunta ni una pregunta incómoda. Se ha invitado a gente de la UCR, de la Coalición Cívica, de Proyecto Sur.

-Proyecto Sur es un caso diferente al resto
-Pero también es difícil discutir con Proyecto Sur, porque es complicado debatir con alguien que te subestima de antemano. Entonces ahí ya no hay paridad, y un debate requiere mutuo respeto. La lectura que hacen ellos de la realidad argentina es subestimadora del kirchnerismo y de los kirchneristas. Entonces, si vos estás hablando con alguien que dice que el kirchnerismo es la continuación del menemato…bueno, por supuesto que eso da pie a un debate, pero es jodido; de ahí salió la canción de (Carlos) Barragán Somos boludos. Es difícil discutir de entrada con alguien que te trata de boludo; de que vos no te estás dando cuenta de algo que ellos sí. Las disidencias entre los sectores progresistas tienen que ver con cuándo hacer las cosas; en los objetivos estamos más o menos todos de acuerdo. Por ejemplo, el 82 por ciento móvil en sí mismo es deseable, pero el tema es cuándo y cómo hacerlo.

-Es cierto que el proyecto de la CC y el pejotismo disidente no dice absolutamente nada sobre el financiamiento, pero el de Pino Solanas y Claudio Lozano, sí.
-Sí, pero no se ponen de acuerdo en los números. Faltan 20 mil millones. Es lo mismo cuando (Víctor) De Gennaro dice que hay dos millones de chicos sin cobertura de la Asignación Universal por Hijo. Le pregunté a (Diego) Bossio y me dijo que ellos no tenían esas cifras. Posiblemente ahí sí esté el error del Indec y la falta de estadísticas oficiales que da pie a que te tengas que comer que alguien te diga que tenés dos millones de personas, que vos no sabés dónde están ni de dónde las sacaron. Además, uno tiene la presunción que tampoco la izquierda lo está haciendo porque le interesen los jubilados, porque si así fuera no hubiera hecho alianza con el Grupo A. Ya, a partir de ahí, desconfío de todo lo que dice Proyecto Sur. No les creo nada.

-¿No es un error político que el Gobierno responda con la misma virulencia  a los ataques de Proyecto Sur, cuando los votos de ese espacio pueden ser vitales en un eventual ballotage?
-Es lo que hablábamos hace un rato. Cuando Kirchner fue a 678 se dirigió a Pino y le dijo: “Acá tiene que haber un colectivo. Eventualmente lo conducirá una fuerza, después puede hacerlo otra, pero lo importante es distinguir la paja del trigo”. Al principio aparentaba que queríamos cosas similares, pero ellos ven otra película.

-¿Pero es realmente una lectura diferente o el espacio de Solanas, del GEN, no reconocen los logros por una ambición de poder?
-No, creo que hacen otra lectura. O sea, no es que no acepto la idea del narcisismo, no hay otra explicación. Que Pino esté diciendo que en las paredes del país está escrito su nombre para que sea candidato a Presidente solamente puede ser producto de un ego descentrado. Yo ahora estoy muy pendiente del tema de Jujuy; Proyecto Sur no existía hasta hace dos meses allá. Ahora llegó y lo tomaron como referente al “Perro” Santillán, que dice que Milagro (NdeR: Sala, líder de la Túpac Amaru)  es una mina violenta: el mismo discurso de Gerardo Morales. Eso es Proyecto Sur en Jujuy; se están preparando para una guerra fea y con gente que ha luchado junta.

-¿Es una formadora de cuadros la Túpac?
-Sí, absolutamente. La CTA es una formadora de cuadros; Milagro se formó ahí.

-¿Hay un machismo enquistado en sectores de la oposición que se presumen republicanos, en relación con la figura sexuada de la “Presidenta sexy”, como la definió Juan Carlos Volnovich?
-Sí, con la figura sexuada de la Presidenta y con la figura asexuada de Milagro, porque el problema viene con que es una india andrógina, que es muy masculina. Entonces no hay manera de resolverlo. Las mujeres somos los agentes transmisores de ese mandato patriarcal. Hay muchas mujeres –Margarita Stolbizer, (Elisa) Carrió- que han dicho que la Presidenta les da vergüenza de género. Porque si es un referente para Lula (Da Silva), (Rafael) Correa, (Hugo) Chávez, (Pepe) Mujica, no entiendo de dónde sale esa vergüenza. Es desde su propia impotencia; y eso no se llama vergüenza de género, se llama envidia.

-¿Es posible que un proceso que produce transformaciones no sea contradictorio?

-No, creo que ningún colectivo grande puede evitarse las contradicciones. De hecho yo me estoy yendo de Radio Nacional, porque no me quieren. Y trabajo en Canal 7, porque me metió una productora privada, porque a mí, en 2008, me echaron. Entonces, a mí los medios públicos kirchneristas me han tratado como el culo. Si yo confundiera el proyecto con los funcionarios –como hace Pepe Eliaschev-, pensaría que éste es un proyecto de mierda, por cómo me fue a mí. En 2008 no tuve trabajo ni en radio ni en televisión, mí relación con el 7 terminó muy mal; tuve que pedir en la Secretaría de Medios que me tuvieran en cuenta para la radio. Hicimos un muy buen programa el año pasado, con El nombre de las cosas, pero este año llegó María Seoane, a quien no le caigo simpática. Primero me dijo que me quería sacar de la grilla diaria, después me sacó toda la producción, me desarmó todo el equipo. Por eso me voy de la radio. Ésa es una de las contradicciones del proyecto, también. Porque, la verdad, no es un exceso de autovaloración, pero si no quieren tenerme están un poco confundidos, porque no hay mucho para elegir en figuras periodísticas conocidas, que tengan mucho rebote con la gente. Y sin embargo no me quieren ahí. No toda la gente es buena y no todos los proyectos son de diseño; se hacen con lo que hay, que no siempre es bueno, pero hay que bancársela.

-Es muy extraño lo que me cuenta.
-Sí, es feo, a mí me produce mucha angustia. Pero ya firmé con Sudamericana el libro nuevo, que es la vida de Cristina, así que de paso me viene bien, porque necesito mucho tiempo para hacer ese libro.

-¿Será algo así como el “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet?

-Eso se irá viendo, pero la propuesta editorial es una especie de biografía, pero temática. Tendrá algo de la historia de su vida, pero pero desviándonos a lugares que a mí me importan mucho, como los debates en los ’70, sobre la lucha armada y la política; sobre la femineidad; sobre ser esposa, madre, Presidenta. Y cosas que me interesan a mí hablar, que creo que el Gobierno no entiende todavía, como lo plurinacional, lo pluricultural. No han captado la importancia del concepto de la plurinacionalidad. Y si nos vamos a integrar a America latina, me parece que tenemos que empezar a agilizar un poco eso.

-¿Cree que lo de Honduras fue una prueba piloto? Porque si bien se condenó, el régimen, con matices, sigue en el poder, y ahora peligra la estabilidad democrática de Fernando Lugo en Paraguay.
-Sí, absolutamente. Creo que es un globo de ensayo, así como la UNASUR lo fue también, para ver cómo se frenaba el golpismo blanco. La derecha norteamericana sabe que no puede reeditar la década del ’70 con las dictaduras militares en América latina, porque las condiciones son otras y, entre otras cosas, porque los militares de ahora son muy distintos a los de los ’70. También fijate que alguien como (Robert) Cox, que es un demócrata, puede ver más dictadura en Venezuela que en Honduras, cosa que a mí me parece increíble.

-Esto que se recordaba: Chávez tuvo 26 plebiscitos ratificatorios.
-Absolutamente. Lo que tenemos que discutir es a qué le llamamos democracia, porque normalmente se le llama a la alternancia entre el peronismo y el radicalismo, y eso es lo que ha permitido que gobierne (Héctor) Magnetto. Ante esta situación que estos Gobiernos populares buscan perpetuarse en el poder, que es lo que está diciendo todo el mundo, pasan de largo que hay mayorías que los votan. A mí me parece natural que quieran tener cuatro o cinco mandatos consecutivos, porque son procesos estructurales. Además, han ampliado tanto la ciudadanía         –como por ejemplo los dos millones y medio de jubilados que se incorporaron con este Gobierno- que es lógico que quieran seguir votándolos, porque saben que con los otros, no es que les hubieran bajado la pensión, ni siquiera hubieran sido jubilados. Eso es natural y es legítimo; forma parte del juego democrático: hago bien las cosas y me volvés a votar.

-¿Es positivo que existan gobiernos más conservadores, como pueden ser el de Juan Manuel Santos o Sebastián Piñera, para que las sociedades entiendan cuáles son sus políticas  o sería mejor que Sudamérica lograra una homogeneidad de espacios?
-A mí me parece fantástico, porque es una lección para la derecha argentina, que se puede ser de derecha y democrático; que ser de derecha no significa ser golpista o disculpar que hayan tirado gente viva al Río de la Plata. Eso no es ser de derecha, es ser un hijo de puta. Entonces, la derecha argentina tiene que aprender a jugar políticamente y que si pierde ahí, ya está. Y se tiene que ir al Congreso a los escaños que le tocan. (Sebastián) Piñera le negó el indulto a la Iglesia, porque esa derecha chilena sabe que no ayudaría a consolidar la democracia. Acá tenemos a (Eduardo) Duhalde diciendo que quiere un país para el que quiere a Videla y para el que no lo quiere. Eso no es ser de derecha, es ser canalla. 

Compilado por Simón