miércoles, 17 de noviembre de 2010

Obituario con hurras

 

Publicado por Roxana

 

Vamos a festejarlo
Vengan todos
Los inocentes
Los damnificados
Los que gritan de noche
Los que sufren de día
Los que sufren el cuerpo
Los que alojan fantasmas
Los que pisan descalzos
Los que blasfeman y arden
Los pobres congelados
Los que quieren a alguien
Los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra el ladrón el cochino
se acabó para siempre hurra
que vengan todos vamos a festejarlo
a no decir la muerte siempre
lo borra todo todo
lo purifica
cualquier día la muerte no borra nada
quedan siempre las cicatrices
hurra murió el cretino
vamos a festejarlo a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo a no ponernos tibios
a no creer que éste es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste no es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.

Mario Benedetti

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pensando la Argentina


Por Martin Latinoamerikano


Lo que voy a comentar es, brevemente, que pienso respecto de la Argentina luego de la muerte de Néstor. Por supuesto, son impresiones personales y no quiere decir que tenga razón, al contrario, lo planteo como para debatirlo. De última no deja de ser un recuento de algunas cosas que en este blog vengo diciendo hace rato, así que calculo que no voy a sonar muy renovado.


1) Lo primero que me parece interesante marcar es algo que se está pasando por alto en la Argentina de hoy. Mas allá del factor emocional que hace que hoy Kirchner sea (¿momentáneamente o definitivamente?) revalorizado, no se debe perder de vista que tanto Néstor como Cristina ya estaban logrando un fenómeno que históricamente jamás había sucedido: resurgir de las cenizas. Fidanza (de Poliarquía) decía hace poquito de Néstor y Cristina:
"Nunca he visto un caso de un presidente argentino antes de rebotar en las encuestas como ésta"

Es decir, se cumple lo que muchos dijimos (quizá en minoría) cuando todos apostaban al post-kirchnerismo (incluso el propio Fidanza): habría una recuperación. La recuperación era esperable y no tiene que ver con la muerte de Néstor exclusivamente. Es mas, la intención de voto de Cristina solo creció 4 o 5 puntos, quizá 7 (vitales, por cierto) en las encuestas a sólo una semana del fallecimiento del ex presidente. No obstante, los candidatos oficialistas venían creciendo de 25-30 puntos a casi 40, y de imagen positiva de menos de 30 a arriba de 50. Es decir: no nos equivoquemos, la razón por la que los Kirchner crecieron y crecen es porque, definitivamente, son los mejores de lo que hay y es muy visible. No importa si gusta lo que hacen y lo que piensan, lo que importa es que está claro que hacen y que piensan. Además el resultado era previsible porque tiene que ver con la forma sinusoidal en que, parece mostrar la experiencia, funciona la población respecto a sus componentes no racionales para volcarse por unos u otros. Desde lo objetivo no hay demasiadas razones para odiar a Néstor o Cristina Kirchner, vale decir, no estamos viviendo caos social, situaciones de violencia realmente inéditos, vacío de poder, no está parada la industria ni la producción, y en general las áreas diversas como educación, medios, seguridad social, están evolucionando favorablemente y sostenidamente. La campaña de demonización de los Kirchner fue parida demasiado temprano, no se puede sostener durante cuatro años, no hay antecedentes de eso. La oposición y los grupos económicos concentrados con Clarín como su vocero oficial apostaron al derrocamiento, y fracasaron. No se puede sostener demasiado tiempo una posición anti absolutamente pasiva como la de la oposición, porque los que tienen la capacidad de hacer –no solo capacidad intelectual, también material– te pasan por encima. Yo alguna vez dije acá que Carrió amaba a Néstor Kirchner. La ironía tiene algo de realidad: Carrió eligió no declarar nada, porque le falta el eje de su discurso, no habla porque no tiene de que. Muchos seguimos esperando el plan de De Narváez, incluso los que no lo votamos. No es improbable que quienes lo votaron se sientan un poco defraudados. La oposición ha fracasado incluso en su intento de no hacer política o impedir que se la haga, y ha fracasado porque es una batalla de egos, es como un grupo de caballos tirando en direcciones divergentes, descuartizando la única chance que le queda.

2) Es imperioso que el oficialismo profundice algo que lo caracterizó desde el inicio: ser una corriente integradora. Hace bastante tiempo ya que se ha instalado la idea de que el oficialismo es segregacionista y confrontativo. Pero, irónicamente, es la fuerza mas heterogénea en su composición interna desde el vamos. Pudiendo ser groseramente descripta, si se quiere, como una “interpretación de izquierda” del peronismo, tiene ni mas ni menos que un gobernador en la provincia más importante (otrora vicepresidente) que está ideológicamente (?) muy cerca de lo que vulgarmente se conoce como “derecha”. Tiene en sus filas hombres y mujeres del radicalismo, del socialismo y del progresismo que no han sacado los pies del plato y que suponen que Cobos es el caso mas visible, pero no confirma una regla. Posiblemente, el conflicto de la 125 fue el momento en el que el oficialismo se vio mas resentido por las deslealtades varias y se cerró un poco mas (amén de que algunos grupos se acercaron justamente a partir de ese momento, especialmente de sectores sociales militantes o meramente simpatizantes). Desde entonces, muchos hemos acusado, creo que equivocadamente, a los sectores de clase media, no peronistas y fundamentalmente progresistas de oponerse al gobierno cuando en realidad algunos de esos sectores son los que hoy lo nutren mas fuertemente y también son los que pueden acercar mas voluntades (mas allá de los que piden la reunificación peronista y la expulsión del progrerío, Sabbatella fue lo mas cercano al oficialismo crítico en 2009, no precisamente Solá, De Narváez o Claudia Rucci). Guste o no, esta es la realidad matemática: el sabbatellismo es suma prácticamente pura, el peronismo disidente es más resta que suma y no tiene ninguna intención de sumarse ni de sumar. Vale de ejemplo uno de los que, se supone, es de la línea mas blanda dentro del sector disidente:
Das Neves habló de su experiencia en el velatorio en la Casa Rosada. Dijo haber visto “más jóvenes con su puño izquierdo en alto que con los dedos en ve” y consideró que hubo una “fabulosa operación mediática oficial” para inflar las cifras de la concurrencia.

Incluir, sumar, peronizar, pero sin rinoscopías ni análisis de ADN, y si nos preguntan Martha Holgado era la hija del General, jijiji. Primarias abiertas para todos. (¿Se entiende por que es mejor que sean abiertas?).

3) Es clave dejar de tenerle miedo al presente y al futuro. Repito: dejar de tenerle miedo al presente y al futuro. Dicho a lo bestia: ¡la tele y el twitter también suman, chabón!. Y la heterogeneidad. No tenerle miedo ni a las nuevas formas de militancia, ni a las nuevas composiciones. Minimizar el dogma y maximizar la apertura mental es crucial. Si la TV pudo transmitir cosas que no pudo la militancia "tradicional", si los blogs lograron tanto debate político como las reuniones físicas, entonces el fin justifica los medios. Si jóvenes floggers se tatúan a Néstor y una mina de Palermo Holywood se siente profundamente cristinista, ellos también son parte fundamental de un proyecto colectivo. A su manera, pero lo son. “Multiplicar es la tarea”, je.
¡Si hasta soy capaz de bancarme el apoyo de Tinelli!

4) No recostarse sobre la figura de Néstor: Otra clave en mi opinión. Néstor fue un estratega, un líder nato, un verdadero grande de la política. Pero si bien podemos contar con sus enseñanzas y su legado, ya no podemos contar con el en la coyuntura. Es peligroso creer que la figura de Néstor es un piloto automático. Néstor sería el primero en putearnos, posiblemente. Hay que redoblar la apuesta. Me gustó una idea que leí por ahí de que el gobierno debería convocar a un grupo de economistas que coincidan con el proyecto nacional. Ideas como esas hacen falta. Se necesita cubrir a un tipo muy capaz, que tenía todo en la cabeza. Queda su mujer, que es sencillamente brillante, pero que es una parte y no el todo de aquel equipo implacable.

5) Hay que pensar el 2012. ¿Cómo? ¿Qué? Y si… si queremos ganar, tenemos que pensar para que y como. Porque aún si el efecto social del fallecimiento de Néstor nos regalara el triunfo el año que viene (lo cual hablaría bastante mal de nosotros), eso no va a durar 5 años. Hay que hacer una autocrítica seria (no lo que vulgarmente se conoce como “autocrítica” y no es mas que una auto flagelación o un intento de interpretar racionalmente los delirios anti, o sea, autocrítica no es sumarse a la gilada de “el INDEK” y “la inseguridad”, eso lo hace cualquiera, la autocrítica requiere un verdadero esfuerzo y reflexión). Hay que ver por que hubo tantas dificultades para lograr apoyo de sectores sociales que han visto mejorar sus condiciones de vida o si, efectivamente, la cuenta pendiente sigue siendo muy grande respecto al eje del proyecto que es ni mas ni menos que la Justicia Social para con los que aún están afuera o con medio pie adentro. Yo creo que hay de todo un poco. Una frase de Perón me parece clave, la he citado varias veces porque me impacta por su sencillez:
¿Como puede ser que en un país en que está todo por hacerse haya miles de desocupados?

Hay menos, pero hay. Hay menos excluidos, pero hay. Sabemos que este es un camino duro y largo, somos concientes de que los cambios son difíciles y cada vez lo van a ser más, porque el margen de acción se achica. Pero tenemos que ser concientes también de que falta, que si bien no está todo por hacerse si hay mucho por hacer todavía.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Carta Abierta A Los Que Celebran La Muerte

Por Alex Milberg (director de Newsweek Argentina)

Quienes por estas horas festejan la muerte de Kirchner, demuestran sus valores y su calidad humana. Se creen iluminados, capaces de vislumbrar el futuro que nunca aciertan y de olvidar el pasado del que también suelen ser responsables con sus votos, con sus actos, con su amnesia.

Pero hay algo más grave.

Quienes por estas horas festejan la muerte de Kirchner, reflejan el rasgo más destructivo que tenemos los argentinos, lo peor de nuestra idiosincrasia: la ineptitud para reconocer nuestras miserias.

Somos fáciles para el elogio: rescatamos nuestra solidaridad, nuestra capacidad de sobrevivir y reponernos a las crisis, nuestra calidez que parece cada vez más vislumbrada por los turistas y menos entre los propios argentinos.

Pero somos incapaces de entender que somos parte del problema.

¿No se escuchan? ¿No se leen?

* Se escandalizan por el odio y la división pero festejan la muerte de Kirchner.
* Se enfurecen por la pérdida de valores, pero festejan la muerte de Kirchner.
* Se horrorizan por el oportunismo, pero a menos de cuatro horas de la muerte de Kirchner, resaltan la debilidad de Cristina, la posible ingobernabilidad y, otra vez, los augurios de buen derrumbe.

¿Son cínicos, hipócritas o ignorantes?

Este país no tiene arreglo si como sociedad no curamos el defecto más grave: nuestro maniqueísmo histórico, nuestra idiosincrasia miope, torpe y binaria que aún hoy nos impide reconocer lo positivo sin por ello dejar de señalar lo negativo.

Y este extenso velorio argentino sería mucho menos angustiante, si los sectores medios y medios altos, los supuestamente más instruidos y los que han tenido mayores posibilidades, demostraran el mismo respeto y tolerancia que exigen a sus líderes. Si se admitieran como parte del problema y no sólo como su solución: ¿O se olvidan? Ellos también han acompañado mayoritariamente los golpes de Estado del siglo pasado, el silencio durante la dictadura militar, la euforia ante la Guerra de Malvinas y los votos a Alfonsín, a Menem (dos veces), a De la Rúa, a Kirchner y a Cristina Fernández.

Pero claro: La culpa siempre es de los otros y los argentinos no tenemos nada que ver con lo que nos sucede, nada que ver con lo que reclamamos, nada que ver con lo que nos indigna.

En este contexto, llega la muerte y no modifica sólo la visión que tenemos hacia nuestros líderes sino también hacia nosotros mismos.

Hace dos años, fue mucho más sencillo rendir un homenaje a Ricardo Alfonsín: ya era un hombre viejo.

Sí. Porque era un hombre mayor y retirado, recibió el reconocimiento de una sociedad que lo maltrató y lo despreció mientras fue presidente y mientras se mantuvo en la vida política.

¿Fue Alfonsín acaso un hombre de consensos? ¿No se enfrentó con coraje y dureza al campo, a la Iglesia, a los militares, a la prensa y a los sindicatos? En un balance light, se sintetizó su figura en el Juicio a las Juntas y en su honestidad y se omitieron deliberadamente otros conflictos que, de algún modo y con matices, continúan vigentes en estos tiempos.

Aún así, la muerte no indultó al líder radical de sus errores en la gestión. Pero nos permitió, ya lejos del fragor cotidiano, reconocer sus virtudes y sus aciertos. La sociedad que lo homenajeó frente al cajón no estaba redimiendo solamente la memoria de Alfonsín, sino también, las suyas propias.

La discusión política será mucho más rica cuando veamos en los aciertos del otro nuestros propios aciertos. Cuando aprendamos a valorar los cimientos y no sólo a celebrar sobre los escombros. Festejar la muerte de Kircher es, además de un insulto a la democracia (a la tolerancia, al respeto), un acto de cobardía de quienes necesitan la muerte para soñar con imponer sus ideas.

Por suerte, ya no vivimos en los setenta aunque los resabios tardan en curarse. Reconocer la enfermedad es el primer paso. Pero depende de nosotros.

Los Muertos Que Vos Matáis


Por Eduardo Aliverti
No quiero escribir desde el resentimiento, aunque siento que, en realidad, el verdadero rencor es el de aquellos a cuyo cinismo apuntará. Algunas cosas hay que sacarlas bien de adentro bajo pena de traicionarse a sí mismo si acaso, por razones de ¿elegancia? periodística, de ser modesto con los conceptos en horas de dolor y de respeto, se las guarda. Supongo, además, que varios de los conceptos a verter serán parecidos y hasta idénticos a muchos de los que acompañan las opiniones de esta edición.

Mejor. Uno se sentirá reforzado con la gente, los colegas de este diario, y otros, que piensan igual o muy parecido y habrán escrito en consecuencia. En momentos como éstos, lo que justamente hace falta es juntarse más que nunca con la gente que piensa y dice y pregona como uno. Ayer, a muy poco de conocerse la noticia, me tocó encabezar la transmisión especial de AM 750. Muchos testimonios, mucho oyente, mucho correo, muchas sensaciones. Uno tiene en esto demasiados años de entrenamiento auditivo, de saber reconocer las entrelíneas de las declaraciones, de descubrir qué hay detrás de los tonos de voz y hasta de cada inflexión. Y entonces percibe, registra enseguida, no se le escapan ni las respiraciones. Percató en consecuencia la angustia auténtica de la gente común que llamaba a la radio; la que conforma lo definible desde hace un tiempo como la “minoría intensa” de la sociedad, contra la presunta mayoría invertebrada que está festejando la muerte de Kirchner. Sin embargo, a la par llamó la atención de quien firma la cantidad de llamados del tipo “no soy peronista, no soy kirchnerista, no quiero a este gobierno, pero...”. Ese pero. Ay, ese pero. Cuánto que hay en ese pero de “me parece que me di cuenta ahora, con la muerte, de que no hay nada real mejor que esto, por más que no me guste”.

Sea así o más o menos así, esa gente, esos peros, se sintieron legítimos, audaces, compungidos. Atención con esa tomada de nota de que ahora se corre peligro de retroceder, tanto que lo putearon. No tengo cómo justificar la elevación de los llamados a una radio a la categoría de sondeo representativo... salvo por eso del oído entrenado, de la medición automática de percepciones. Y también como quiera que sea, en cualquier caso es mucha gente con una honestidad intelectual, o sentimental, infinitamente mayores que las disfrazadas por los temporarios acomodaticios de las condolencias. Cobos, traidor, capaz de decir que se nos fue un gran líder. Andate Cobos, por favor. Andate. Pero no del Gobierno del que formás parte a la vez de denostarlo. Andate a tu casa, directamente. Por un instante de tu vida tené mínima conciencia del ridículo. Sólo eso, Cobos. Sólo eso. Vos y todos los demás que ahora descubrieron en Kirchner al tipo que llevaba la política en la sangre, al militante tiempo completo, al apasionado que deja un vacío enorme, al hombre de convicciones. Vos y todos los demás que hasta las 10 de la mañana de ayer definían esos flamantes méritos del muerto como la expresión del crispado que violentó a este país, del autoritario que nos volvió a las catacumbas de los ’70, del enajenado que nos lleva al caos institucional. Y vos, Van der Kooy, que a los veinte minutos de la muerte ya tenías subida tu columna gozosamente mal disimulada. Y vos, Fraga, Rosendo Fraga, asesor de Viola, del general Viola, del asesino Viola, que te permitiste elevar, con el muerto fresco, las condiciones a las que debe sumirse Cristina ahora que puede ejercer el Poder. Vos, Fraga, venís a cerrar el circuito que inauguró José Claudio Escribano, el mandamás de La Nación, cuando apenas asumido Kirchner en 2003 le puso en tapa el pliego de bajezas a que debía rendirse si quería completar el primer año de mandato: reacomodar las relaciones con el FMI, amnistiar a los milicos, romper con Cuba. Con Kirchner inaugurado, primer pliego. Con Kirchner muerto, también enseguida, el segundo: que Cristina se saque de encima a Moyano, a Moreno y a quien haga falta para demostrar que no es igual que el marido. Hasta un tipo de derechas como Federico Pinedo, pero con sensibilidad perceptiva –digamos que un caballero– le dijo al aire al suscripto “y, sí, es un poco apresurado el análisis”.

Pero no, no es apresurado. Son sus instintos más bajos, más pornográficos, de intereses de clase. Cabe reconocerles su impudicia explícita. E incluso prodigarles el reconocimiento de que además de ser así son inhábiles para solaparlo. Dejan todo más claro. Ese es, quizás y no importa si por convencimiento o por lectura especulativa de la realidad al cabo de 2001/2002, el legado más interesante y efectivo que deja Kirchner. Por las razones íntimas que fueran, partió aguas. Obligó a ponerse de un lado o de otro, cuando ya parecía imposible que la pasión política se reinstalara en la Argentina devastada de la rata. Más aun, por estas horas también se desnudan como de cocodrilo feroz las lágrimas y lamentos de quienes se allanaron a hacerle el juego a la derecha con chamuyo de izquierda cinematográfico-nacionalista. ¿Y por qué eso también es símbolo? Porque esa partida de aguas que significó y significa esta rara pero apasionante experiencia también compelió a que cada quien mostrara su vocación de poder. Algunos de la derecha explícita sacaron los tanques mediáticos, pero otros de la izquierda piripipí copiaron a Carrió, compararon a Kirchner con Menem y hace unas horas se manifiestan condolidos ¿de qué? ¿No es que eran iguales?

Por unas semanas como muchísimo, si es que se aguantan, el establishment más concentrado, el gorilaje recalcitrante y sus funcionales nac&pop se llamarán a silencio de expectación. Concluido el duelo de las buenas formas, medirán cuánto tiempo se requiere para que seguir atacando no se les vuelva boomerang. Tensarán que Cristina puede usufructuar, o que le serviría, la imagen de mujer enhiesta en medio de un drama de todo tipo, sola contra todos. Y encima, en medio de ese karma que los sigue regenteando: sus candidatos son horribles, no se les cae una idea alternativa convincente y están a años luz de potenciar a algún referente que demuestre capacidad de mando.

Si lo piensa bien, la derecha atraviesa un problema con la muerte de Kirchner: él venía a ser una suerte de reaseguro para continuar insistiendo contra el “aplastamiento de las instituciones”, el “clima de confrontación”, la “división de la sociedad” y todo el resto de pelotudeces tras cuyo parche se oculta, pésimamente, que no aguantan la afectación de emblemas con que sintieron tocados su alma y su culo. Y la de ciertos privilegios que manotearon sus bolsillos.

Ayer a la noche, el clima de congoja cedía lugar a una efervescencia, tan contenida como callejera, que detrás del dolor avisaba lo siguiente: si hay lugar de retrocesos en lo recuperado para los intereses populares, no les va a resultar fácil. La potencia política de Kirchner ya no estará, Cristina es candidata única y habrá que comprobar si su estoicismo aguanta la presión. Pero es irrebatible que queda una fuerza muy considerable que, cualesquiera sean los avatares electorales, no permitirá así nomás que se vuelva para atrás en ciertas conquistas que a la vuelta de la esquina eran extravíos utópicos.

En síntesis, eleven neo-pliegos de condiciones, festejen, gorileen, viven a las coronarias de Kirchner como antes a sus carótidas y al cáncer de Eva, supongan que se acabaron la ley de medios y que la yegua no debería soportar semejante tensión. Pero, por las dudas, uno les aconsejaría que adviertan la ya masa de gente joven politizada y movilizada y el número de los que se plantean lo que hay enfrente de lo que putean.