jueves, 23 de febrero de 2012

Las barbas en remojo


Publicado por Jorge Giles
 
Una imagen: la inauguración en 1978 de Papel Prensa.
El dictador sonríe como una hiena, facilitando un lugar privilegiado a la viuda de Noble. Sonríe el dictador, sonríe Ernestina Herrera, sonríe el último de los Mitre, sonríe la dictadura cívico militar.
La dignidad de Lidia Papaleo lloraba en un calabozo.
Fue cuando clavaron la pica sobre la espalda del pueblo, levantaron sus copas y brindaron por la muerte.
¿Por qué otra cosa podían brindar los genocidas?
A más de tres décadas de aquella tenebrosa imagen, el dictador reaparece por los medios. Y pronuncia mil palabras.
Su respeto a la iglesia. Su reconocimiento a las leyes del perdón y al indulto.
Su desprecio a los Kirchner.
Los hijos de sus asesinados y desaparecidos le responden: “Nuestra única venganza es ser felices”.
El monopolio que Videla ayudó a construir, está vivito pero coleando.
Resiste a la memoria. Combate contra la voluntad popular y contra el gobierno de la democracia. Sabe que tiene los días contados, pero no se rinde.
Se creen todavía los dueños del poder absoluto. Apuestan a la soja y al arroz.
Aranda, uno de los socios de Clarín, se empeña en matar el arroyo Ayuí.
De ahí a matar el río Uruguay, hay sólo un paso.
Y de eso no se habla.
Hay que hablar sólo de las minas a cielo abierto. Allí no tienen dividendos.
No hay problema: en la Argentina se discute todo desde el 2003.
Pero no desde el poder económico, sino desde los intereses del pueblo y la nación.
Es la diferencia con esa seudo izquierda siempre dispuesta a dormir con el enemigo.
Y allá va la combativa estudiantina a batir el parche del “ajuste”, de la “represión”, de la “depredación”.
Usan las mismas palabras que pronuncia en estos días el monopolio que nació con Videla, Massera y Martínez de Hoz.
No tributan a la Cuarta Internacional, ni a la Quinta, ni a la Décima.
Tributan a Magnetto.
De este lado de la vida, el kirchnerismo se construye a sí mismo día a día.
No tiene recetas, pero sí hoja de ruta.
Acierta y se equivoca porque hace cosas a favor del pueblo.
Este gobierno le pone el cascabel al gato en el momento preciso.
Ni un minuto antes ni un minuto después.
¿Lo quieren correr por “izquierda” con Videla?
¿O pusieron las barbas en remojo?: La AFIP multó a Monsanto y a YPF. Y la Presidenta se enfrenta al colonialismo inglés con el mismo coraje que tuvo Néstor Kirchner frente a George Bush y el ALCA.
En fin.
El dictador habló y al hacerlo, hizo añicos la campaña de la “falta de libertad de expresión”. Hoy hablan hasta los genocidas.
Con una aclaración: en esta nueva Argentina ya no hay lugar para ellos. Porque no hay “Clarín” ni “La Nación” que los legitime.
Se quedaron solos. Por eso ladran.
El Argentino, jueves 16 de febrero de 2012

Vienen Por Las Palabras



Gerardo Fernández
Ahora resulta que cualquiera corta una ruta o un cruce de avenidas importantes en la ciudad de Buenos Aires y si se resiste a la orden de levantarlo y es desalojado con carros hidrantes estaríamos ante un cuadro de "represión". Vienen por la palabras, vienen por el sentido de las palabras, vienen por el significado político de las palabras, vienen por lo que significan las palabras en el conflicto social y político. Clarín se anotó un porotazo hace poco con este titular:
Ese "ocupó" estuvo genial para dar una idea de "toma" o "copamiento violento". Decíamos por entonces en Twitter que podía suceder que en este irse de mambo con el uso de las palabras, si Héctor Magnetto viajaba en auto a la costa y lo paraban en la ruta para pedirle los documentos del auto muy probablemente TN pusiera un zócalo diciendo "Demoraron al CEO deClarín en la ruta". Este recurso es por cierto interesante, porque trabaja sobre ciertos disparadores que todos tenemos guardados en nuestra memoria política. Todos sabemos qué significan algunas palabras en la disputa política; tenemos muy claro qué significa, por ejemplo "represión" y "ajuste". Pero está sucediendo que un grupo de movilizados al sur del continente en la guerra de Malvinas salen a cortar 9 de Julio y Av. de Mayo, que ante la orden de abandonar el corte se resisten y son desalojados por Gendarmería y la Polícía Federal y al toque se empieza a decir que "fueron reprimidos" ¿Dónde empieza y dónde termina el concepto de "represión"? Estaría bueno estudiarlo un poco, porque estamos yéndonos a la banquina en la utilización de ciertas palabras según nos convenga o no. 

Victoria Donda, doctorada en el arte del oportunismo político de baja estofa dijo anoche en TN que el aumento de la dieta de los diputados y senadores 


Una verdadera joya de la tergiversación política. Donda lanza la idea de que es horrible el aumento de los diputados justo cuando hay un proceso de "ajuste". Pregunto ¿Se puede caracterizar como "ajuste" la quita de subsidios a los sectores más acomodados de la sociedad? De nuevo ¿Dónde empieza y dónde termina el significado de la palabra "ajuste"? Que yo sepa, un proceso de ajuste se define por políticas que hagan recaer sobre los trabajadores y el pueblo el peso de la crisis. la quita de un 13 % de De La Rúa fue una política clara de ajuste ¿Se puede decir lo mismo de la quita de subsidios a los countries y los barrios conchetos de capital y "zona norte"? Por ejemplo en el transporte, con la incorporación del SUBE y la consecuente transferencia de los subsidios, que dejarán de ir a las empresas para ir a los pasajeros ¿Podemos hablar seriamente de "ajuste"?

La adecuación del lenguaje a los fines políticos tiene una larga trayectoria en nuestro país. Recuerdo sin ir más lejos la "modernización de la economía" con sus efectos concurrentes como "modernización de las relaciones laborales". Esto era gracioso dado que al cercenamiento de conquistas sindicales perpetrado en los noventa se lo denominaba "modernización de las relaciones laborales". Recuerdo también cómo en aquellos años se nos decía desde el discurso oficial que "estamos mal pero vamos bien". No olvido que ante cada crisis se nos explicaba que ello era producto de que todavía quedaban "reformas pendientes". Las palabras son instrumentos que las sociedades usan a su antojo siendo los actores políticos y los medios quienes más estiran y acomodan su significado. Así tenemos que Guillermo Moreno es "polémico" y que Hugo Moyano a dejado por estos días no sólo ha dejado de serlo sino que ahora hasta se lo pinta como alto, rubio y con un zapato negro, y que si llega a arreglar su vínculo con el gobierno de Cristina volverá a ser "polémico", "controversial" y todos los calificativos denostadores que a uno se le puedan ocurrir.

La duda es si tiene sentido pedirle a los grandes medios un tratamiento respetuoso del lenguaje, la verdad, parece una quimera. Lo que hay que hacer es dar la batalla por el sentido de las palabras en cada ámbito donde sea necesario librarla, como las redes sociales, por caso, teniendo bien en claro que la sociedad sabe diferenciar entre una cosa y la otra, y que no se la engrupe fácilmente.

Instrucciones para pegarle a La Cámpora


Por Lucas Carrasco

En el peronismo es una tradición que cuando se está en desacuerdo con alguna decisión del líder (no sólo de los grandes líderes, sino incluso de los barriales, locales, de agrupaciones, de sindicatos), para preservar el liderazgo en cuestionamiento, se apela a que tomó esa decisión equivocada culpa “de su (mal) entorno”.
Hay ejemplos emblemáticos en la rica historia del peronismo.
En el ala, digamos, “de izquierda”, el descreimiento en los días anteriores a la Revolución Libertadora de John William Cooke, porque, sostenía,“Perón se comenzó a rodear de alcahuetes”, es uno. Pero siguió dentro del peronismo e incluso, tras el golpe y como delegado de Perón, tuvo un papel vital en “la resistencia”.

Cuando en los 70 los jóvenes peronistas estaban disconformes con, entre otras cosas, los nombramientos ministeriales del General, quisieron reunirse con él para “romper el cerco” que se cernía,supuestamente,sobre el viejo líder.Y que representaba su secretario privado, José López Rega,a quien Perón mandó, justamente, a recibir a la Juventud Peronista.
Por, si se quiere, “derecha” está el ejemplo del sindicalista Augusto Vandor, que intentó “un peronismo sin Perón” alegando, no sin un análisis político conciso, que el líder en el exilio recibía las noticias de la Argentina de manera ajena y, a veces,contaminada.

El breve y rápido repaso viene a cuento de que, cada vez que se le pega desde los medios ultraantikirchneristas a La Cámpora, en realidad, el tiro es por elevación a Cristina. En general, desde esas usinas de la derecha se considera todo el proceso kirchnerista como una anomalía, como una excepción producto de “dos loquitos” y sostienen que cuando el kirchnerismo se termine volverá el “país normal”. Golpear a La Cámpora significa, tanto como golpear a todas las agrupaciones juveniles peronistas un tiro por elevación al potencial futuro de las ideas que encarnó Néstor y encarna la Presidenta.

Es Cristina una presidenta que tiene, además, la loca ocurrencia de renovar la política con cuadros frescos y darle lugar a los jóvenes.Dos enormes pecados en una Argentina que tiene tradición de marginar lo nuevo y apartar a la juventud.
Por eso es vital que los dirigentes, por lo menos, de La Cámpora, no se parezcan a los pibes de su generación en el relato ultra-antikirchnerista.

Entonces, para golpear a La Cámpora hay que decir que viven en Puerto Madero.
Lo cual les quita en el imaginario el desarrollo territorial en el país, les quita incidencia donde se juega el verdadero peronismo las barriadas populares, los sindicatos, las universidades públicas, las clases medias atadas al mercado interno y -de paso, convengamos-, suena violentamente cursi. Lástima que ese relato hegemónico es, diría Raymond Chandler,“ falso como la sonrisa de un camarero”. Lástima que ninguno de los dirigentes de La Cámpora viva en Puerto Madero.
Iván Heyn, economista muy querido por los militantes de las más variadas tendencias políticas (también incluye el afecto entrañable de este periodista) y fallecido recientemente, era presidente de la Corporación Puerto Madero, un ente gubernamental.
No vivía en Puerto Madero ni rodeado de lujos.

Pero acá entramos en un punto neurálgico: ¿deben los economistas de universidades públicas,militantes de corrientes populares, estudiosos de las doctrinas periféricas, con sueños revolucionarios, meterse en los sacrosantos altares de los más grandes empresarios? El caso vale para Mariano Recalde, para Axel Kicilof, para Santiago Alvarez, etcétera.
En el periodismo hay una vieja máxima, adjudicada a un editor de los años 70,que decía que la fórmula para hacer diarios era armar “la sección cultura con gente de izquierda, la sección economía con gente de derecha y la sección política con gente de centro”.Algo similar pasaba con ciertos gobiernos. Siempre y cuando las áreas claves para el poder económico estuvieran “atendidas por sus propios dueños”, esos jóvenes que no usan corbatas, leen libros raros y tienen ideas nuevas,bien podían refugiarse en lo social,en la cultura,o incluso,en un bloque minoritario de legisladores.Cristina trastocó esa lógica. Apeló a las ideas nuevas, aportó a la generación de una nueva cultura política e introdujo un ingrediente novedoso: la exigencia en el estudio, el saber, la capacidad y el trabajo.

La economía ya no es manejada por la “mano invisible del mercado”. Hay una lógica de formación de cuadros radicalmente distinta, incluso, a los años en los que se formó la Presidenta y,más aún, la mayoría de la principal dirigencia política. Es un aprendizaje de la sociedad, una maduración, que Cristina incentivó.

En los setenta, las grandes ideas revolucionarias subsumían la técnica; y la eficiencia era una palabra mal vista.
En los 90 fue exactamente al revés y el resultado fue catastrófico.
Se trata,en todo caso, de lograr un justo equilibrio entre medios y fines. Entre objetivos y herramientas.O, en lenguaje setentista, entre táctica y estrategia.

En los años 80, la Coordinadora (un grupo de vanguardia perteneciente al alfonsinismo, de destacados cuadros y multitudes movilizadas) y Franja Morada no estaban al frente de empresas técnicas que todavía eran públicas, en las áreas sensibles.
Ahí estaba toda la vieja guardia radical, distribuida por cupos de la lógica interna.
Eran tiempos de retorno de la democracia y a muchos jóvenes de esa Coordinadora la sociedad argentina les debe que abrieran compuertas anquilosadas por años de tradición autoritaria.

Hay parecidos, hay diferencias, pero no son muy ocurrentes: las críticas a la Juventud Peronista de los 70 y a la Coordinadora Radical de los 80, hoy van contra La Cámpora. Pero, como entonces, no se los critica por lo que hacen mal. Se los cuestiona violentamente por lo que hacen bien. Es de suma importancia en estas Instrucciones para pegarle a La Cámpora, entender eso. Les pegan más por lo que hacen bien que por eventuales errores.

Insisto con el temita Moyano...


Publicado por GUSTAVO ROMANS 
 
Las diferencias que el actual líder de la CGT, Hugo Moyano, viene planteando al Gobierno Nacional, no serían para el espanto de nadie en cualquier país donde los representantes de los trabajadores no están directamente identificados con el partido de Gobierno. Pero acá, en Argentina, donde todo lo hacemos muy original, Moyano es (era) autoridad partidaria del PJ con altos cargos en Nación y Provincia de Buenos Aires y como tal tenía (tiene) legítimas pretensiones políticas. Pretensiones (reitero muy legítimas) de influir en las decisiones políticas del país. Como supongo tiene desde el primero hasta el último militante político a lo largo y a lo ancho de la amplia alameda variopinta de ideologías. Así debe ser y está muy bien. Genera desconfianza cualquier militante que no tenga voluntad de poder para realizar transformaciones.

Claro, que el líder sindical más importante de los últimos 15 años, estigmatizado por una sociedad muy injusta, sabe que es muy poco lo que logrará por la vía electoral y utiliza el importantísimo poder que brinda ser el número uno de los representantes de los trabajadores para poner alfiles de su costilla en las listas cada elección. En la última no le fue nada bien con la cantidad de lugares obtenidos y decidió que seguiría insistiendo con reclamos legítimos pero con otro tono de voz y con un poco más de distancia de la Presidenta. Hay que entender, que los lugares de poder son muy chicos, y cuando alguien decide correrse de al lado de alguno, automáticamente se pega con otro, porque están todos apretados y en ese apretuje parece que Cristina Fernandez no está dispuesta a estar. Así, cada vez que Hugo Moyano, o alguno de sus seguidores más cercanos decidieron tomar una distancia del proyecto político del Gobierno Nacional, terminaron cerquita de Barrionuevo, el Momo Venegas, Zanola o cualquiera de los tantos dirigentes sindicales tan criticados por la sociedad. O peor aún, el lunes pasado Moyano se sienta a opinar en el programa de TN de Joaquín Morales Solá, uno de los grandes impulsores de que el camionero fuera extraditado y preso en Suiza.

Nadie que sea un trabajador puede estar en desacuerdo con los reclamos que Moyano realiza. Suba del mínimo no imponible de ganancias, recomposición del salario familiar, una negociación paritaria que supere los 25 puntos de aumento y el tan comentado proyecto de reparto de utilidades. Lo que sí se puede presumir es que si las listas del FPV hubieran contenido un 30% de integrantes de extracción sindical referenciada en Moyano, esos reclamos podrían esperar. Puesto que el mínimo no imponible podría ser postergado un tiempo hasta que se pudiera plantear la Ley de Entidades Financieras y así no desfinanciar una recaudación del Estado, La ley del reparto de utilidades se dejaría en suspenso argumentando que sólo beneficiaría al 6% de los trabajadores registrados y el salario familiar se podría negociar dentro del paquete de paritarias con mayor flexibilidad. Ahora bien, viendo que la Presidenta (con buen criterio creo yo), no está dispuesta a compartir con nadie el poder político y la conducción que le otorgó el pueblo en octubre de 2011, Moyano ve retraso en sus planes de mayor poder (reitero legítimo) y se siente amenazado por el crecimiento del ala Kirchnerísta joven que parece ocupar las preferencias de CFK. Por eso reacciona de la manera que lo hace, con una receta conocida: La Presión.

Sucede que en la actualidad esa vieja receta de presionar para lograr objetivos concretos está acotada a muy pocos aliados creíbles, que acompañen una “movidita” contra un Gobierno Nacional que está fuerte, con buena imagen y con muy buen pronóstico por parte de la opinión pública. Mientras que Cristina Fernandez mantiene su alto nivel de aceptación, Moyano decrece, ya que ahora también corre el riesgo de ser estigmatizado por ciertos sectores del Peronismo que tienen una alianza estratégica con el Gobierno o simplemente porque están dentro del proyecto por convicción. De esta manera, los potenciales aliados de Moyano en un intento de disputa de poder serían los jugadores que menos representatividad social tienen y los medios hegemónicos, hasta ayer enemigos. Moyano no es tonto como para reunirse públicamente con Duhalde o Rodríguez Saá. Por su parte, jugadores como Massa, Bruera o algún Sciolista muy anti K, todavía no están dispuestos a dinamitar todos los puentes con el Kirchnerísmo.

Una de las salidas más probables de Moyano, sea el repliegue hacia negociaciones tranquilas de paritarias y un llamado a silencio a sus lanzadores de misiles. El viejo consejo del General “desensillar hasta que aclare” y ver como construye otra grieta que le permita mayor poder, pero con jugadores más creíbles. La otra opción es insistir en esta forma de reclamo y belicosidad contra el proyecto político que lidera Cristina y llegar a la ruptura (un blanqueo) con el ala progresista del Peronismo.

Ahora bien, no es Moyano un enemigo del Gobierno. Como decíamos al principio, por ahora, se planta con reclamos que el conjunto de los trabajadores considera justos. Más allá de analizar si el clan Moyano es a estas alturas una familia de trabajadores o multimillonarios. Y es pertinente recordar que Moyano no es un enemigo. Ciertos sectores de progres recién conversos, Kirchnerístas a las apuradas, seisieteocheros entusiastas y camperitas locas, empiezan a señalar a Moyano de una manera poco feliz tratándose de una etapa donde todavía no termina de consolidarse un pensamiento nacional de pantalones largos que abrace (y proteja) al modelo. Tal vez, esos sectores tan entusiastas (algunos dirigidos por verdaderos vivos mucho más peligrosos que Moyano), también deberían poner en práctica el consejito de Perón de “desensillar” evitando que alguna gota de sangre llegue al río para beneficiar únicamente a los sectores dominantes, una vez más.