jueves, 3 de noviembre de 2011

Con Tiempo y Con Votos


 Por Mario Wainfeld

Sin poder o con el poder menguado o con plazo de vencimiento es mucho más arduo hacer política económica. El politólogo Perogrullo estableció ese apotegma, del que pueden dar cuenta tantos estadistas europeos, sin ir más lejos. A principios de este año, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner entraba en el último tramo de su mandato. No se sabía si sería reelecta y menos aún por qué márgenes y con qué ecuación en el Congreso. Posiblemente, la mandataria estuviera entre los más optimistas o agudos para predecir (e inducir) el resultado, pero éste era virtual: no había ocurrido. La gestión del 2011 estuvo signada por esa circunstancia: se debía mantener la gobernabilidad, evitar sofocones y motivar la máxima aprobación social posible. Por eso, entre otros motivos, este año fue de “paz y administración” (en los términos relativos en que puede serlo para un gobierno kirchnerista y colocando la expresión entre comillas). Un lapso de escasas innovaciones, sin giros rotundos. Un tiempo particular, escribió el cronista el domingo pasado, por eso mismo irrepetible.
Con un horizonte temporal despejado y una dosis de poder adicional, está comenzando ya el segundo período de Cristina Kirchner. Las medidas iniciales arrancaron la mismísima primera semana postelectoral, que hubiera podido limitarse a los festejos y al duelo. En la Casa Rosada no hay intenciones de apelar al piloto automático ni hay distracción respecto de los desafíos del cuatrienio.
La supresión de los privilegios de empresas mineras o petroleras para liquidar divisas, los nuevos controles para la compraventa de moneda extranjera y la eliminación de subsidios a consumidores de alto rango son jugadas diferentes, enlazadas por un hilo común. En el Ejecutivo se advierte que hay que apelar a nuevas herramientas, emprolijar otras, acentuar la presencia estatal. Los alcances de esas decisiones se irán dejando ver y corresponden más a la competencia de los colegas avezados en Economía. Desde el ángulo político, las señales son nítidas: el Gobierno ocupa el centro de la escena e interpela a actores poderosos. Los equilibrios fiscales, la formalización de la economía, la firme presencia estatal y el sustento de una caja suficiente siguen siendo prioridades. Los fines, en sustancia, continúan. La caja de herramientas incorpora nuevas piezas, lubrica otras.
Algo había anticipado la Presidenta en discursos de campaña, en el sentido de que para “profundizar el modelo” habría que introducir reformas. La frase fue repetida, con mínimas variantes, por el ministro de Economía y vicepresidente electo, Amado Boudou.
Las decisiones reseñadas son también señales, en especial a “grandes jugadores” del sistema económico. Se emiten desde la envidiable (aunque siempre asediada) legitimidad presidencial. La sorpresa y la premura forman parte del paquete. No hay tiempo para perder cuando las correlaciones de fuerza son propicias.
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La enorme masa de subsidios, coincidían tirios y troyanos, era insostenible en el mediano plazo, el único disponible para cualquier gobierno, en la Unión Europea, en Estados Unidos, en Grecia o en Argentina. Las supresiones informadas ayer cortan el hilo por los beneficiarios más gruesos, a quienes les costará ponerse de punta contra un gobierno popular plebiscitado diez días atrás.
Ajeno a la astrología y conocedor del sigilo que es marca de fábrica del kirchnerismo, el cronista escapa a cualquier predicción acerca de otras normas o decisiones. Va quedando claro que las habrá y que en el primer nivel del Ejecutivo se registran ciertos límites o disfunciones del “modelo”, con la foto de hoy. También es seguro que la intención es mantener sus objetivos fundamentales.
En ese devenir, es básico recomponer el esquema de gastos y también garantizar el creciente flujo de ingresos fiscales. Para que no haya ajuste, ni nada que lo remede, es forzoso mantener la caja bien provista.
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De nuevo, sin hacer anuncios ni profecías, repasemos una serie de acciones posibles del costado de los ingresos que se vienen analizando, intramuros del oficialismo. Las retenciones a la minería, tal como describe el economista norteamericano Bob Dylan en su lengua vernácula, are blowing in the wind. Es de manual fijar la mira en un sector hiperrentable, con alta capacidad contributiva, casi intocada hoy día.
Otro proyecto, en el que vino trabajando el ministro de Agricultura y Ganadería Julián Domínguez, es modificar el comercio exterior de granos. La finalidad sería doble. En parte, propiciar mayor intervención de cooperativas y pequeños productores para aminorar la concentración de la actividad en un puñado de multinacionales. Además, uniendo lo bello a lo útil, capturar parte de la elevada renta en danza.
La hipótesis de crear algún tributo a los activos bancarios o bursátiles se discurre hace rato y, acaso, recobre vitalidad. Baqueanos del sector dicen que la resistencia de los grandes bancos sería bastante menor que si se emprendiera una reforma integral del sistema financiero. Habrá que ver.
Un lugar común remanido en los meses recientes, en especial en medios opositores, es que el Estado “meterá mano” en los fondos de las obras sociales. Nada es imposible pero esa perspectiva se complejiza, ya que se entremezcla con varias cuestiones que deberán dilucidarse en paralelo y que, tal vez, antecedan en prioridad. Puntea la relación del Gobierno con la CGT y en particular con su secretario general, Hugo Moyano, cuyo núcleo no es tanto la conducción de la central obrera cuanto el reconocimiento del liderazgo de Cristina Kirchner dentro del magmático movimiento peronista. Acaso, más propone que supone el cronista, sea más acuciante una reforma del sistema de salud que hace agua por varios lados y en el que hay que tocar intereses poderosos de los gremios y de las prepagas.
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Como fuera, yerran quienes quieren creer que el Gobierno comenzará a “hacer los deberes” (de una currícula escrita por sus adversarios) o a producir un ajuste más o menos clásico amparado en el aval popular. Quieren creerlo y presionan para imponer su fantasía. La trayectoria del kirchnerismo, que siempre mantuvo su norte, aun con el 22 por ciento de los votos o después de la derrota electoral de 2009, contradice esas lecturas interesadas.
Es difícil saber cuáles serán las principales acciones del nuevo mandato. Al fin y al cabo, sus principales iniciativas a partir de 2007 (logradas o fallidas) no estaban en el radar cuando asumió la Presidenta: las retenciones móviles, la recuperación del sistema jubilatorio, la ley de medios, la Asignación Universal por Hijo. El futuro se va develando semana tras semana y la experiencia comparada prueba que eso no es en el siglo XXI una peculiaridad criolla.
Nada garantiza que el nuevo gobierno alcance sus objetivos, todo indica que éstos serán consistentes con lo que produjo desde 2003, que la ciudadanía (detalle interesante) plebiscitó.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los Marcianos Atacan Nuevamente


Por Jorge Giles

La operación contra la clase media es grotesca.
Ahora la asustan con una falsa “corrida del dólar” y con cuanta mentira puedan instalar desde la pantalla de TN, Clarín y La Nación.
No hay que creerles absolutamente nada. Tengamos memoria.
Ocurre que los marcianos del mercado están desesperados y disparan contra el modelo de país que revalidó abrumadoramente el pueblo en las urnas.
Entraron en estado de pánico la misma noche de la victoria histórica de la Presidenta.
Ayer iniciaron una balacera mediática valiéndose de Clarín y La Nación, de algunos opositores derrotados y de los economistas neoliberales.
¿Quiénes son los que operan? ¿Magnetto, Duhalde, Carrió, la city bancaria? ¿Algunos grandes bancos y financieras con casa matriz en el exterior? ¿Todos a la vez?
Con estos tipos no se jode y hay que denunciarlos a tiempo.
Son golpistas de viejo cuño.
Utilizan a los operadores que fungen de lenguaraces de la economía como si fueran “arbolitos” de la city; esos que te dicen al oído: “cambio, cambio”.
Kamikazes lanzados contra la inocencia de los incautos, quieren en verdad el “cambio” de este modelo argentino para parecerse a España o Grecia y nutrir sus arcas con el hambre del pueblo.
No pasarán.
Nunca más. Nunca menos.
Esta vez se estrellarán contra una montaña cuyo pico más elevado mide 54 % de votos. ¡Y sin contar las reservas monetarias de la retaguardia!
Atacan paralelamente con su “intelectualidad orgánica” para provocar un revuelo con sus ofensas e injurias instalando falsos ejes de debate. Si alguien pisa el palito, licuarían parte de la energía social que desató el pueblo en las urnas el 23 de octubre.
La maniobra distractiva consiste en hacernos debatir los temas de esa agenda del desprecio contra el pueblo.
Ladran en el mercado financiero azuzando con “corridas” del dólar y otros fantasmas del pasado.
Ocurre en la previa del G-20 y no es casualidad.
Intentan crear antes de la cumbre un escenario montado con presuntas “incertidumbres”.
¿Cómo identificar a estos ladrones de la esperanza popular?: Fácil.
Son los que escriben falsas alarmas en los diarios de la corporación y son los que temen que la transparencia implementada por el gobierno les descubra la guarida.
Amado Boudou fue muy claro cuando advirtió ayer:
“Es importante que tengan mucha tranquilidad todos aquellos que tengan sus cuentas en orden y que tengan mucho nerviosismo los que pretendan hacer maniobras en negro. Venimos trabajando en una serie de cuestiones que tienen que ver con el combate al lavado de dinero, a la economía informal, a la economía en negro, y es una medida que va en ese sentido” afirmó Boudou.
Ladran, Amado, señal que cabalgamos.

Apetito


Por Daniel Mancuso.

Se acabó la inseguridad, ¡gracias a dios! ya no hay problemas con los patovicas en los boliches. La muerte en los countries es un mal recuerdo. El narcotráfico ha dejado de ser el problema de nuestro país sudaca. Hemos logrado la paz.

Pero... leyendo Clarín y La Nación, descubro que hoy nuestra única preocupación es el dólar.

Enciendo la radio, Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop, afirmó en diálogo con Victor Hugo Morales, por Continental, que su entidad vendió dólares normalmente siguiendo los nuevos controles de la AFIP.

Sin embargo, La Nación publica hoy: Bloquearon la venta de dólares al público:


«Pero el dato central fue que las medidas difundidas el fin de semana para reprimir la creciente sed dolarizadora de los argentinos provocaron el efecto contrario: despertaron ese apetito aun entre quienes hasta ahora no se mostraban preocupados por las señales de corrida que ya mostraba la plaza local e hicieron que la compras de bonos en dólares (como forma de asegurar un flujo futuro de billetes) se dispararan...».

En otra nota de La Nación, Fernando Laborda, afirma que El Gobierno perdió la primera batalla contra el dólar, contradiciéndose con la nota anterior. Usted se preguntará ¿por qué se contradicen ambas notas? Porque en la primera nota dicen que nadie pudo comprar dólares salvo las empresas, y el la segunda dicen que a pesar de las "restricciones" se vendieron 100 millones de dólares. Conclusión: esos "enormes 100 millones" fueron comprados, por ejemplo, por empresas que cotidianamente importan y necesitan divisas para cancelar los pagos. Nada nuevo. Ninguna derrota.

Pero Laborda insiste con su alarma falaz, partiendo de una premisa falsa. La venta de dólares no es una derrota gubernamental; lo que se quiere saber es quién compra y con qué lo hace, evitando la economía en negro, informal, o como guste llamarla:

«El Gobierno perdió la primera batalla contra los buscadores de dólares. Pese a las resoluciones del Banco Central, al ejército de 4400 empleados de la AFIP que puso en bancos y casas de cambio, a la presencia de gendarmes en la city porteña, a las múltiples declaraciones de funcionarios que pretendieron ahuyentar a los compradores de divisas y a los obstáculos para que hasta el más pequeño de los ahorristas se hiciera de unos pocos billetes verdes, en la víspera, la entidad monetaria perdió otros 100 millones de dólares de las reservas.

»La derrota del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner estuvo lejos de tranquilizar a los operadores. Si bien habrá que esperar las próximas luchas quijotescas contra esos molinos de viento en que se ha convertido el mercado cambiario, muchos creen que frente a nuevos traspiés, el Gobierno seguirá doblando su apuesta y recurriendo a más dirigismo y a más intervencionismo...»



Evidentemente Fernando Laborda no quiere que el Estado intervenga en el mercado. Es el pensamiento neoliberal al palo.


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Vos, ella, yo, millones de trabajadores que están haciendo lo que deben, no estamos en la calle San Martín, haciendo la cola para comprar divisas.

Los periodistas de los medios hegemónicos, reaccionarios algunos, defensores de intereses espurios y antinacionales otros, no se dieron cuenta todavía que somos millones de Quijotes contra el mercado impune.

¿Quién ganará esta vez?

Pre y Post Kirchnerismo


Por Artemio Lopez

Recibimos el análisis post electoral de Julio Burdman que compartimos:
El aplastante triunfo de Cristina confirmó para todos los argentinos el carácter insoslayable del kirchnerismo. En los días posteriores al 23, ocurrieron escenas impensables. Antikirchneristas cerriles de ayer reconocían que "algo bueno debe haber hecho" el gobierno para recibir el apoyo de la mayoría.
El fin de la negación del fenómeno K nos permite distinguir entre dos tipos de oposición: una vieja, que nunca lo reconoció, perimida a partir de hoy, y una emergente, que da por hecho el lugar central que el kirchnerismo ocupa en la política argentina de la última década.
Quienes ningunearon al kirchnerismo lo hicieron de tres formas.
Primero, nunca terminaron de aceptar su respaldo social. Antes se dijo que Néstor Kirchner no duraría, que era el “chirolita de Duhalde”, un rehén del PJ que no resistiría dos semanas con las tapas de los diarios en contra, y después que solo se sostenía a fuerza de clientelismo, fraude electoral y aprietes a los gobernadores para comprar adhesiones.
Segundo, dijeron que no era auténtico: Kirchner no era de centroizquierda, sino un gobernador menemista, corrupto y obsesionado por el dinero, sin un real compromiso con los derechos humanos, y para colmo, “no era peronista”.
Tercero, y lo más grave, dijeron que era una amenaza para la república democrática. El kirchnerismo era, amén de parroquial, hegemónico y autoritario. El paroxismo fue su equiparación al fascismo.
Carente de legitimidad y de credenciales, inmoral y potencialmente anticonstitucional, el kirchnerismo no era un adversario normal de una competencia democrática. Era algo anormal. Y esa anormalidad requería respuestas extraordinarias.
Así fue que buena parte de la oposición dejó de lado la discusión de ideas, liderazgos y políticas públicas -digamos, la competencia democrática normal- y se embarcó en una estrategia antisistema, sobre todo en lo discursivo -el "republicanismo"- y también en la acción -el Grupo A.
Había que impedir la continuidad del kirchnerismo de cualquier forma, y ese objetivo se apoderó de ellos. En el camino, perdieron contacto con la realidad de los votantes que querían representar.
No es fácil explicar por qué tantos políticos opositores talentosos jugaron a fondo esa estrategia tan extrema, que los dejaba fuera de juego si el kirchnerismo sobrevivía.
Probablemente, negarse a aceptar la era K venía de la mano de no aceptar tampoco los cambios que sobrevenían a la crisis de 2001 - 2002, de los que el kirchnerismo es una interpretación posible.
No toleraron que se estaban cuestionando las políticas económicas previas, que el kirchnerismo haya irrumpido tan de golpe ("¿quiénes se creen que son?"), que muchos habían cumplido un ciclo. Todo un mundo había caído. Esto, claro, es fácil de escribir pero difícil de aceptar en el cuerpo.
Esta oposición que nunca aceptó al kirchnerismo, la vieja a partir de ahora, cometió errores de conceptualización y estrategia. Buena parte de la UCR, el duhaldismo y la Coalición Cívica quedaron anclados en un prekirchnerismo ya que postulaban un regreso a un lugar previo. No casualmente, Duhalde y Carrió fueron protagonistas de la crisis de 2001. La emergente, en cambio, parte del kirchnerismo y postula un poskirchnerismo.
LOS EMERGENTES
Ahora, el futuro opositor estará en manos de aquellos que se ofrezcan a la sociedad una alternativa política diferenciada de la experiencia actual, pero tomando a su existencia insoslayable como punto de referencia. El Pro y el Frente Amplio Progresista son los más emplazados para desempeñar ese rol.
El FAP nace para competir en las elecciones de 2011 y cuenta, en esta pugna de las generaciones opositoras, con las ventajas de la juventud. Su primera campaña se planteó alrededor de presentar una propuesta de gestión sobre un programa económico moderado, una visión socialdemócrata del Estado, una imagen de gestión, una defensa del campo y el federalismo, y una alianza sindical con el sector “tradicional” de la CTA.
El kirchnerismo, para ellos, no es un bicho inmundo sino un adversario populista con un programa y un electorado diferentes. Los orígenes del socialismo santafesino, la fuerza más importante del FAP, están vinculados al Partido Socialista Popular de Estévez Boero, tal vez el menos gorila de los partidos no peronistas del Siglo XX.
El Pro, por su parte, tiene un ala prekirchnerista y otra poskirchnerista. Pero la segunda finalmente se impuso en este año electoral. La clave de este corrimiento fue que Mauricio Macri, quien tenía un pie en cada vereda, finalmente optó por la pos.
El Pro prekirchnerista era el más ansioso por tejer alianzas con la vieja oposición, realizando acuerdos electorales de “consenso”, plegándose a la estrategia del Grupo A, y adoptando el discurso institucionalista. En la mesa chica, en 2011 se decidió abandonar este camino en pos de un estilo basado en la imagen de gestión, la comunicación populista y los liderazgos convocantes.
De hecho, las figuras en ascenso del macrismo prekirchnerista, como Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, pasaron a un segundo plano electoral. Las figuras del macrismo versión 2011 fueron el propio Mauricio –protagonista excluyente de la elección porteña- y sus candidatos más exitosos en el interior: el humorista Miguel Del Sel y el productor agropecuario Alfredo Olmedo, quienes quedaron en segundo lugar en sus distritos haciendo elecciones sorprendentes.
Se suma al grupo exitoso su primo, Jorge Macri, intendente electo de Vicente López. Esta estrategia de comunicación más cercana al conservadurismo populista que recomienda Jaime Durán Barba, como la del FAP, no niega al kirchnerismo sino que coexiste con él, buscando una representación diferenciada sobre sus falencias y captando las porciones del electorado en las que éste no penetra.

El Mandato De No Ceder


 Por Eduardo Aliverti

En verdad, no se siente que haya demasiado para agregar. Haber acertado a vivir en el país real, descartando el mediático que hacía dudar a muchos, no confiere el derecho de caer en obviedades. Uno también dudó. Confesemos que, si se retrocede hasta 2008/2009, no había seguridades respecto del salto hacia delante. Casi que lo contrario, inclusive.
Para cumplir con lo que no por obvio deja de ser concluyente, Cristina aplastó al resto aunque, según las conclusiones de ciertos colegas, parece que no es dato central. Binner redondeó una elección muy buena, si se lo toma desde la condición de casi ignoto con que arrancó hace unos meses y aunque sea apresurado darle el papel de líder opositor natural que se le otorga junto a Macri. Como lo dijimos en la nota de este diario el lunes que pasó, el santafesino es hacedor de una gestión con buena fama y usufructuario del gorilaje de clase media que no encontró mejor refugio. Y al intendente porteño le queda por demostrar que, así le ponga todo el cuerpo a construir la alternativa explícita de la derecha, sabrá encarnar la opción ofreciendo algo mejor que lo que el kirchnerismo expresa por izquierda en los marcos del sistema. Adiós al hijo de Alfonsín, y adelante radicales con esas internas perpetuas que clonan a la inutilidad en forma igualmente imperecedera. Chau para el ex sheriff de Lomas de Zamora, junto con su esposa. El Alberto queda como dato folklórico. Interesante ratificación en cifras de la izquierda radicalizada, aunque no le haya alcanzado para meter representación parlamentaria (apunte de Ezequiel Adamovsky, historiador e investigador del Conicet, en Página/12 del último viernes: “A pesar de las protestas de la izquierda trotskista, la reforma política ‘proscriptiva’ parece haberla beneficiado porque la forzó a dejar de lado rencillas internas que (...) parecían insalvables. (Claro que) Sus mejores logros no estuvieron (...) en los distritos de mayor pobreza o presencia trabajadora”. Y Carrió, suponemos, está guardada en un rancho-spa para preparar la resistencia al régimen. Perdió “la corpo” mediática, además o antes que todos ellos. Ya se dijo, ya se sabía. Ya está, por más ganas de seguir regodeándose en que, alguna vez, el tiro salió para el lado de la justicia. Joaquín Morales Solá, en La Nación del 29 de junio de 2009 y entre múltiples otros, decía: “El kirchnerismo ha concluido anoche como ciclo político. El tiempo que le resta es el de un paisaje resbaladizo (...) El peronismo tiene desde ayer el candidato que buscaba para relevar el liderazgo de Kirchner: es Carlos Reutemann. De pronósticos como ésos hay decenas, y es muy divertido memorarlos en las piezas audiovisuales y archivos gráficos que circulan a troche y moche por los programas y redes oficialistas. Ya está. Ya perdieron. Ya son un ridículo. Ya no significan más que la escritura de la impotencia.
Es mejor correr a la derecha por derecha, pero para delante. Divertirse un ratito con armas igual de sencillas que las ejercidas por ellos ayer y hoy, pero prospectivas. Con munición tan elemental como la empleada por los liberales para haber avisado, hace dos años, que el ciclo de los K estaba fenecido. Porque, de tan patéticos que fueron y son sus argumentos, merecen verse reflejados en la moneda propia. Por ejemplo, cuando el conflicto con los campestres era que la patria sublevada, desde la propiedad de la tierra, había ganado en las calles y las rutas su derecho a rebelarse, a exigir el fin de la yegua, a promover el Cobos inmediato. ¿Mentira, entonces, que el pueblo no delibera ni gobierna a través de sus representantes? Si tenían que pudrir todo a través del piqueterismo garca, estaba bien. Como estuvo bien que, a minutos de muerto Kirchner, editorialistas y operadores se dieran el lujo de reproducirle a la yegua el pliego de condiciones que La Nación le elevó al Presidente recién asumido. Romper con Cuba, reconciliarse con los organismos financieros internacionales, archivar los juicios al genocidio. Periodismo independiente. Y no pierden el tiempo. La Presidenta debe optar entre “el consenso o la lucha”, es uno de los reforzados caballitos de batalla con que machacan desde el domingo los medios de la derecha. Increíble, o insólita pero lógicamente pertinaz. Un gobierno que termina de ser refrendado con números inéditos, después de ocho años, y se permiten señalarle el rumbo con sentido contrario al implementado. ¿El “consenso” qué sería? ¿Defecarse en que el 54 por ciento de los votos respaldó una gestión capaz de haberles marcado la cancha a los gerentes económicos del Poder? ¿Sería sentarse a negociar para que no sigan fugando dólares? ¿Sería devaluar para “tranquilizar a los mercados”? ¿Sería prestarles oreja a los gurúes del establishment que pronosticaron un tipo de cambio 10 a 1, cuando la Argentina incendiada tras su inestimable colaboración con la apología de los ’90? ¿Sería arrodillarse en el altar de Melconian, de Broda, de De Pablo, de FIEL? ¿Sería que el pueblo equivocado se vaya a la huerta de Carrió, munido de inciensos, para encabezar la resistencia? ¿Sería ignorar la voluntad popular, entonces? ¿Violar el mandato de las urnas? ¿“La gente” vota una cosa pero debe hacerse otra? ¿El respeto a las instituciones es ante todo el interés de las corporaciones? ¿Esa es la concepción democrática de los “republicanos” que andan por las sesudas columnas políticas de la prensa libre?
El discurso de Cristina el domingo a la noche, tomando como único lo que dijo en el salón del hotel y en la Plaza, y haciendo abstracción de lo que se piense sobre su franqueza, tuvo una enorme generosidad. Paró agresiones, convocó a ser humildes en la victoria, llamó a que la convenzan de errores que está dispuesta a corregir o a superaciones que tiene ganas de asimilar (pero que alguna vez en la vida, por favor, le señalen políticas de Estado serias, tiradas desde la buena leche). Dejemos de lado el tramo de la alocución presidencial destinado a la tropa entusiasta: vamos por construir organización y poder en los frentes sociales, en las agrupaciones juveniles, en el entramado del abajo. Apartémoslo no porque carezca de significación. Al revés. Tal vez estemos frente a (el intento de) una etapa refundacional del kirchnerismo, destinada a convertirlo en algo estructuralmente más fuerte que el liderazgo personalista de un esquema favorecedor de las grandes mayorías. Solamente se trata de señalar que Cristina abrió la mano, concilió desde su avalancha de sufragios, se puso mucho más como jefa de Estado que en candidata reelecta por goleada. Y le respondieron con que se vienen la presidencia imperial, el poder omnímodo, La Cámpora, el avasallamiento del Congreso. Le dijeron que lo que debe hacer con el 54 por ciento de los votos es rifarlos. Nobleza obliga, los cruzados de esa perorata son colegas de los medios opositores. En líneas generales, con excepción manifiesta de la comandante Lilita, los dirigentes derrotados se llamaron a mezcla de felicitaciones y silencio. Los otros no esperaron ni un segundo. Siguen avanzando, ahora con el clima de la fuga de capitales, porque resultó que las imbecilidades de argüir ataques al periodismo y arrestos autoritarios caen en saco roto. Al margen de deficiencias técnicas y discursivas que el Gobierno debería asumir, en orden a que la inflación es la que es y el dólar continúa como el valor de confianza supremo, lo más importante pasa por cómo atacan en política.
Todo esto se produce justo al año de la muerte de un tipo que se merece una seguridad colectiva absoluta, aun para quienes persistan en odiarlo: decía en privado lo mismo que hacía en público. Un político sin doble discurso. Será por eso que el pueblo lo quiere tanto. Y que la derecha no sabe muy bien cómo seguir, salvo para joder la restitución de confianza popular, frente a un mito reciente que convoca multitudes hacia izquierda.

El Justicialismo Casualista


Por Derek.

La vida es una hija de puta dando vueltas, que revolea la cartera mientras te tira besos de chocolate o pisadas de mamut enojado según sea el número de día.

Que a un año del ingreso del Pingui a la eternidad, los criminales de la ESMA hayan recibido sentencias en un proceso legal y legítimo o que por ejemplo Cristina haya recibido su 54% en esta semana, es un claro indicio de que una inteligencia superior de dimensiones indescriptibles también es peronista.
A esto hay que sumarle la existencia del 17 de Octubre en un espacio del tiempo que también convierte a Octubre en un mes donde parece que el destino quiere que juguemos de local.
Es como si la coincidencia fuera Justicialista por naturaleza, porque las casualidades -al ser hermosas- nunca podrían ser gorilas.
Si, perdimos a un gran cuadro, a un tipo audaz, generoso y valiente, a nuestro más valioso economista, pero les instalamos para siempre la idea de que Nestor Vive y la esperanza de que en el futuro su vida y su laburo ilumine a los justos que quieren ganar todo cuando tengan enfrente a los opresores que no quieren que tengamos nada.
Solo lamento que no haya podido ver la instauración de la Tercera Tiranía, acaso su más perfecta creación.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Vergüenza

 
Publicado el 30 de Septiembre de 2011 - Diario Tiempo Argentino


“No llore señor ministro no llore. Tenga fuerza para defender lo suyo”, le dijo Norma Plá a Domingo Cavallo. ¿Qué hacía llorar al ministro? ¿La vergüenza ante ese profundo “sepa defender lo suyo” o la estatización de la deuda diez años antes? A los jubilados ya se los empezó a dignificar. ¿Cuándo se empieza a investigar a los beneficiarios de la estatización de los 17 mil millones de dólares?